torres de babel

Ya no me quedan fuerzas para rasgarme las vestiduras, se me va la capacidad de sorpresa y me está repateando esta sociedad de batiburrillo donde amanezco entre fantásticos logros científicos y sintéticas montañas de basura recogida en las entrañas de nuestros mares y ríos; que por negligencia y falta de escrúpulos se resquebraja más el planeta que por la grieta kilométrica detectada en África.

Aquí en casa, en familia, se pueden ocultar los barridos bajo la alfombra y no pasa nada.

…Que La Presidenta de la Comunidad de Madrid haya sido acusada de un chanchullo en su currículum con complicidad de algún miembro de la universidad… Bueno.

…Que las “dos Reinas” de España rivalicen en público por ponerse en su sitio… Vale.

Pero que la liberación de Puigdemont abra grietas entre España y Alemania… Eso se pasa de castaño oscuro.

Como decía mi madre: “Lo mucho amansa y lo poco espanta”.

Mientras se mantienen dos decenas de conflictos bélicos en el mundo, en los países del bienestar se rivaliza por elevar el rascacielos más alto (ya vamos por el kilómetro de altura)… como si nuevas formas de Torres de Babel se tratase.

Los analistas internacionales suelen hacer cada año sus evaluaciones sobre los potenciales conflictos que podrían deteriorarse, haciendo hincapié en aquellos que pueden tener un impacto alto o moderado en el contexto mundial o regional. El impacto tiene una relación directa con la cercanía o bien por el hecho de compartirse intereses, o bien por amenazarse los nuestros, con independencia de dónde se encuentren.

Para nosotros los españoles (no todos, afortunadamente), y en consecuencia para la Unión Europea, los conflictos que tienen mayor probabilidad de deteriorarse y llegar a producir crisis bélicas, amenazas a la seguridad o graves catástrofes humanitarias, parece como si fuesen cosa de ciencia ficción, como si tuviesen mayor importancia las cosas de casa. Aunque hay cosas que se salen de madre.

Ni la Eugenesia utópica, ni la negatividad de Hobbes el término medio parece ser tan inalcanzable como el último.

Lo último, lo que nos faltaba, para meternos el corazón en un puño, es un líder imprevisible en la cumbre mundial, como si el noble Tío Sam se hubiese jubilado y le hubiese tomado el relevo su malicioso gemelo el Tío Donald.

Poco después de que las autoridades rusas advirtieran de que derribarán cualquier misil norteamericano contra las fuerzas de su aliado, Bashar al Assad, en Siria, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, replicó en su cuenta de Twitter con su tono habitual de desafío.

-Rusia promete derribar todos y cada uno de los misiles lanzados a Siria. Prepárate, Rusia, porque van a llegar, bonitos, nuevos e “inteligentes”-, escribió Mr. Trump, en referencia a la represalia que prepara por el ataque de la semana pasada de las fuerzas de Assad con armas químicas en la ciudad de Duma.

Esperemos que se imponga la razón, y miremos el corazón de la prensa, en lugar de la prensa del corazón, para que todo lo que ha luchado la humanidad para intentar volver al Edén no se pierda por la barbarie de algún retrógrado, con la complicidad de los que no creen que ocurra nada.

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