nuevo ateísmo

El Nuevo Ateísmo, que pasa de negar simplemente la existencia de Dios a retomar y ampliar la vieja postura de Karl Marx de que la religión es una ideología perniciosa, está ganando adeptos. Me ha costado creer la solidez de esta teoría hasta que he leído algunos artículos del escritor y neurocientífico Sam Harris, cuya filosofía me atrevo a resumir en una frase suya que considero demoledora: “El núcleo central de la ciencia no es un modelo matemático, es honestidad intelectual”. Y esto es lo que -dicen- le falta a la teología. Porque el manido debate entre ciencia y religión es, en realidad, un enfrentamiento entre ciencia y teología, y su cerrazón a aceptar las evidencias científicas porque contradicen su dogma.

Ha habido muchos científicos creyentes e incluso religiosos, a lo largo de la historia: Copérnico era canónigo y Mendel, el padre de la genética, abad de un convento. Y en la actualidad personas como Francis Collins, el físico y sacerdote anglicano John Polkinghorne o el jesuita y astrofísico español Manuel Carreira, dan testimonio de su fe compatible con su quehacer investigador. Para ellos, la evolución -el principal caballo de batalla del cristianismo por sus obvias implicaciones- no es sino el modo escogido por Dios para llevar a cabo su creación: “en vez de crear un mundo ya hecho -comenta Polkinghorne-, el Creador hizo algo más inteligente: un mundo que pudiera hacerse a sí mismo”. Incluso el recientemente desaparecido Stephen  Hawking fue miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias.

Numerosos historiadores apuntan a que la ciencia moderna no pudo nacer sin el concurso de la religión; más concretamente, del judeocristianismo. ¿Entonces en qué quedamos?

¡Estamos hartos de marxismo y neoliberalismo! no son fenómenos naturales, si no teorías puestas en práctica durante demasiado tiempo, ya.

La fuerza de la gravedad nos aferra sin remedio al mundo, pero, afortunadamente, en él han surgido seres como los pájaros, que nos  han enseñado a diseñar alas delta, parapentes o paracaídas para disfrutar del inmenso placer de burlarla. Y lo más simple, mientras estamos vivos, si caemos nos levantamos.

La espiritualidad es la fe que dentro de cada ser existe con valores mínimos como los sentimientos, los pensamientos y la relación correcta con los demás. La espiritualidad debe huir, como la política, de las militancias, y las soluciones, deben salir de dentro a afuera, no al contrario. El materialismo entendido como consumismo debe ser rechazado porqué ha demostrado en la historia, que es toxico para la convivencia.

La naturaleza, repito, no es marxista ni neoliberal. Estas etiquetas, estos estereotipos deben ser abandonados. Falta ingenio, imaginación para inventar un nuevo sistema de convivencia, de economía y para eso, antes de cambiar la sociedad, deben cambiar las personas.

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