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Acabo de leer un artículo moderado y juicioso de Alfredo Pastor, profesor de economía del IESE, en La Vanguardia (24-04-18) con el que estarán probablemente de acuerdo muchos catalanes.

Entresaco uno de sus párrafos finales: “Unos y otros deberíamos insistir, […], en que se inicie una negociación entre el Gobierno y los catalanes –sin olvidar a quienes no son partidarios de la independencia– que termine en un acuerdo. Los puntos que negociar han sido repetidos hasta la saciedad: reconocimiento de la especificidad catalana, financiación, clarificación de competencias son los más urgentes. El acuerdo se ratificaría mediante una consulta. Todo ello cabe en el actual marco constitucional, y otros asuntos pueden dejarse para más adelante.”

No lo puedo comentar en extenso, dada la limitación del espacio que tengo, por lo que me limito a decir que si la citada propuesta de negociación tiene lugar entre el Gobierno y la taifa barcelonesa, exijo que simultáneamente se inicie otra negociación entre el Gobierno y la taifa sevillana.

Los puntos a negociar serían: reconocimiento de la especificidad andaluza, financiación, clarificación de competencias son las más urgentes. El acuerdo se ratificaría mediante una consulta. Todo ello cabe en el actual marco constitucional, y  otros asuntos pueden dejarse para más adelante.

Si  a este planteamiento se apuntan los de la taifa logroñesa, los de la taifa zaragozana, los de la taifa euskadina, y los de las restantes taifas, es cosa que depende de los deseos de cada taifa. Dentro del régimen de libertad e igualdad que caracteriza nuestra democracia.