Los húngaros se rebelan contra la élite de Bruselas
Viktor Orban (wikipedia)

Las elecciones parlamentarias húngaras de ayer domingo han dado lugar a una clara derrota de la élite de Bruselas frente a los partidarios de una UE que respete la soberanía nacional.

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La coalición de gobierno de Orbán logra dos tercios de los escaños

Según el escrutinio oficial, la coalición de gobierno formada por el partido conservador Fidesz de Viktor Orbán y sus aliados del Partido Democrático Cristiano (KDNP) ha obtenido una mayoría aplastante, con 133 de los 199 escaños de Asamblea Nacional, justo dos tercios, los necesarios para cambiar la Constitución del país en caso de proponérselo. Algunos medios progresistas ya han empezado a atragantarse con el resultado, dirigiendo sus manipulaciones contra la candidatura vencedora. Lo que les molesta, tal vez, es que este resultado es un claro respaldo de los húngaros a las críticas de Orbán a las políticas de inmigración masiva impuestas por Bruselas, unas políticas que generan inseguridad y que están dando lugar a que grandes zonas de ciudades europeas estén al margen de la ley y bajo el control de fundamentalistas islámicos. Pero además, en lo económico, Hungría ha pasado de un 11,2% de paro en 2010, cuando Orbán llegó al poder, a un 3,3% en 2018, y de un crecimiento del 0,7% en 2010 a uno del 4% del PIB en 2017. ¿Cuántos europeos conocen estos datos a través de los medios que siguen habitualmente?

Un discurso de valores abandonado por la derecha acomplejada

El éxito de Orbán se debe también a otro frente que ha abandonado la mayor parte de la derecha europea más acomplejada: los valores. Viktor Orbán viene defendiendo la identidad cristiana de Hungría sin rodeos ni complejos, frente a las imposiciones progresistas de Bruselas. De hecho, anoche el Primer Ministro celebraba su victoria con una foto de su familia y el mensaje “Soli Deo gloria!” (“Sólo gloria a Dios”), una expresión frecuente entre los cristianos protestantes (Orbán es calvinista). En 2011 el gobierno de Fidesz aprobó una reforma Constitucional que reconoce las raíces cristianas del país, defiende el matrimonio natural y protege la vida humana desde la concepción. También ha aprobado medidas de apoyo a la natalidad, de tal forma que en Hungría se ha pasado de 1,23 hijos por mujer en 2011 a 1,53 en 2016.

La izquierda estaba dispuesta a pactar con neofascistas para echar a Orbán

La segunda fuerza más votada en las elecciones de ayer ha sido el Jobbik, un partido neofascista y antisemita que se ha quedado rozando el 20% de los votos. Su presidente, Gábor Vona, ha intentado presentar una imagen más moderada del partido, escondiendo su discurso antisemita y presentándose como una formación conservadora transversal, para intentar captar el voto de centro-derecha descontento con el Fidesz. Esa estrategia le ha permitido adelantar a los socialistas y le ha reportado casi tres puntos más en el porcentaje de votos, pasando de 23 a 26 diputados. El caso de este partido es muy singular, ya que candidatos izquierdistas se habían mostrado favorables a juntar fuerzas con el Jobbik para echar a Orbán del poder. Y esos políticos no han estado solos: medios afines a la oposición también han apostado por esa alianza. En noviembre, el diario digital izquierdista 24.hu intentaba propiciar una alianza electoral entre el Jobbik y la izquierda recurriendo encuestas que apuntaban al respaldo de votantes de la oposición a esa posibilidad. Recordemos que ya existía un precedente en el caso de Grecia, cuando el partido ultraizquierdista Syriza se alió con un partido ultraderechista y antisemita, Griegos Independientes (ANEL) de Panos Kammenos, una alianza que blaquearon ciertos medios izquierdistas rebajando los calificativos a los socios de Syriza.

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El descalabro de los herederos del partido único de la Hungría comunista

La candidatura más desfavorecida en las elecciones de ayer ha sido el Partido Socialista Húngaro (MSZP), miembro del Partido Socialista Europeo (al que pertenecen el PSOE de España y el SPD de Alemania), es heredero del Partido Socialista Obrero Húngaro (MSZMP), la organización que gobernó en Hungría durante la dictadura comunista entre 1956 y 1989. En 2014, concurriendo en solitario, obtuvo 38 escaños. Recordemos que en 2006 este partido había logrado el 43,2% de los votos y 190 escaños, haciéndose con el gobierno de Hungría. Pues bien: el MSZP acudió a las elecciones de ayer coaligado con los izquierdistas de Párbeszéd (algunos medios europeos los han calificado como “liberales”, cuando en realidad es un partido más bien socialdemócrata). Actualmente el Párbeszéd tenía un solo diputado en la Asamblea Nacional. Ayer la coalición de ambos partidos logró 20 escaños, quedando como tercera fuerza.

En total la izquierda con representación sólo ha sumado el 25% de los votos

Éstos han sido los resultados de las candidaturas minoritarias:

La Coalición Democrática (DK) ha duplicado sus apoyos. Esta formación, surgida de una escisión del Partido Socialista Húngaro en 2010, logró 4 diputados en la Asamblea Nacional en 2014 yendo en coalición con el Partido Socialista. En las elecciones de ayer obtuvo 9 escaños.

Los ecologistas izquierdistas del partido Otra Política es Posible (LMP) tenía hasta ahora 6 escaños y ahora ganan dos más.

Los progresistas del Együtt lograron un solo escaño en 2014, uniéndose a la coalición con el Partido Socialista. El partido mantiene su único escaño.

El partido Autogobierno Nacional de los Alemanes en Hungría (MNOÖ), una formación nacionalista conservadora que representa a la minoría germana del país, ha obtenido su primer escaño desde la fundación de ese partido en 1995.

Finalmente, el doctor Tamás Mellár, un antiguo miembro de Fidesz, ha logrado un escaño como independiente por el distrito de Baranya.

Estas nuevas elecciones confirman la solidez de la coalición de gobierno encabezada por Orbán y dejan a la izquierda por los suelos. Para que nos hagamos una idea, los cuatro partidos izquierdistas que han obtenido representación suman en total el 25% de los votos. Claro que, todo hay que decirlo, la izquierda húngara goza de mejor salud que la de Polonia, país en el que ni siquiera tiene actualmente ni un solo escaño en el Sejm, la cámara baja del Parlamento polaco.

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