custodia compartida

Voy a comenzar con una verdad de “Perogrullo”: una ruptura de pareja no debe ser sinónima de ruptura de familia. Una separación matrimonial no debe implicar una separación de padres e hijos. Más de uno, al leer estas líneas dirá que a veces no queda más remedio, ciertamente en algunos casos extremos –desgraciadamente- es así. Pero lo que no es admisible es que en la mayoría de las rupturas de pareja se condene a los menores a crecer sin referencia de ambos progenitores, y se le impida a alguno de ellos –papá o mamá- participar en su educación y crianza, lo cual puede secuelas emocionales de impredecibles consecuencias.

Debemos impedir por todos los medios que los cambios que se producen en la estructura familiar, después de la ruptura del contrato matrimonial, no signifiquen la desaparición de la “estructura triangular” que define a todas las familias: padre, madre e hijos.

Cada vez se hace más necesario reeducar a las “familias post-divorcio”, a sus miembros, para intentar conseguir fundamentalmente que el impacto que reciben los hijos sea el menor posible. Hay que procurar que los niños se sientan protegidos y seguros (física y psíquicamente), bien cuidados, que se sientan queridos y aceptados, pero sobre todo que se les garantice una posición cómoda, exenta de conflictos de lealtades, respecto a ambos progenitores.

Es de extrema urgencia crear centros donde se enseñe a los padres a enfrentarse a la nueva situación, lugares en los que se les pueda reeducar y se les transmita la necesidad de llegar a acuerdos. Partiendo en algunos casos de situaciones tales, como que los dos miembros de la pareja ni si quiera se aceptan físicamente.

Las rupturas matrimoniales se convierten en la mayoría de los casos en batallas en las que la carga emocional y los intereses enfrentados ciegan a la mujer y al hombre, impidiendo salvo raras excepciones que lleguen a acuerdos de separación aceptables para ambos. Los que actualmente se denominan “convenios reguladores”, tras el divorcio, debido a esa carga emocional, apenas tienen garantía de ser cumplidos, y por supuesto desgraciadamente tampoco son beneficiosos para los hijos.

El proceso de separación de una pareja suele ser largo y costoso, tanto desde el punto emocional como dinerario. Uno de los principales impedimentos para lograr una “separación civilizada” es la carga emocional que posee la pareja que se está separando: agresividad, frustración, resentimiento, etc. Esta carga hace que ambos miembros distorsionen la realidad e incite a uno de ellos o a los dos a intentar castigar a la otra parte o a vengarse.

La Mediación Familiar representa una alternativa a la vía judicial cada vez más en auge, que posibilita que la resolución de conflictos en las separaciones matrimoniales sea de guante blanco, impidiendo que haya que recurrir necesariamente a los Juzgados para sentar las bases del futuro de los cónyuges y de sus hijos.

La Mediación Familiar intenta aumentar la comunicación constructiva entre ambos cónyuges, advirtiéndoles del posible coste del conflicto y de las terribles consecuencias que acarrean las disputas por resolver, y más cuando el asunto queda (como habitualmente suele ocurrir) inconcluso.

Estamos hablando de un procedimiento de gran implantación en los países de nuestro entorno cultural, que hace disminuir considerablemente la litigiosidad y que asegura un altísimo grado de cumplimiento de los que actualmente se denominan convenios reguladores. Hablamos de un régimen que propicia que entre ocho y nueve de cada diez casos los ex cónyuges cumplan lo acordado, mientras que en los casos de separaciones judiciales el porcentaje se reduce de manera especialmente importante.

En la Mediación Familiar se facilita el diálogo para evitar que se saquen los trapos sucios, y se enseña a negociar para futuros acuerdos sobre los que deban decidir los integrantes de la pareja en proceso de separación.

Las complejas respuestas emocionales que se dan ante las situaciones de separación y divorcio, requieren un mecanismo que potencie el consenso ante la confrontación-rivalidad, un instrumento que limite las expectativas de las partes con respecto a posibles ventajas económicas o generadoras de desigualdad, incompatibles con el ejercicio de la coparentalidad. Es necesario un procedimiento que priorice la corresponsabilidad, la cooperación, frente a las obligaciones respecto de los hijos. Un sistema que respete la voluntad de las partes en cuanto a la organización de su convivencia y la de sus propios hijos:

Guarda, custodia y visitas.

Derechos de tomas de decisiones y responsabilidades.

Resolución de las Diferencias.

Gastos referentes a los hijos.

La Mediación Familiar procura paliar los efectos negativos de las rupturas matrimoniales, su objetivo es reconducir la comunicación para lograr acuerdos y establecer un plan de educación y crianza consensuado, de mutuo acuerdo.

El Plan de Coparentalidad pretende ayudar a los progenitores que ya no viven juntos a desarrollar el mejor entorno de convivencia posible, dada la situación de separación. La idoneidad de los padres a ejercer con responsabilidad sus responsabilidades y derechos respecto de sus hijos, no sería cuestionada y se consideraría igual que cuando existía la convivencia marital.

El Plan de Coparentalidad parte de la base de que un equilibrio emocional del menor implica la presencia de ambos padres; y que el referente paterno/materno filial es igualmente necesario para su normal desarrollo, y por supuesto imprescindible si queremos preservar el favor filii, el interés superior del niño, debiéndose evitar las ventajas procesales, coacciones emocionales y tributos de dependencia económica que suponen el germen de situaciones de violencia y de un manifiesto perjuicio para los hijos.

La Recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa de 21 de Enero de 1998 afirmaba que “reconociendo el número creciente de conflictos familiares, particularmente los que resultan de una separación o divorcio, y haciendo notar las consecuencias perjudiciales de los conflictos para las familias y el coste social y económico… Considerando la necesidad de asegurar la protección del interés superior del menor y su bienestar, consagrado en los tratados internacionales… Remitiéndose a la Convención Europea sobre el ejercicio de los Derechos de los Niños, y en particular el artículo 13 de dicha Convención que trata de la puesta en funcionamiento de la mediación y de otros métodos de resolución de conflictos relativos a los niños…

Se recomienda instituir o promover la Mediación Familiar o, en su caso reforzar la Mediación Familiar ya existente…”

Quienes siguiendo las directrices del lobby feminista de “género”, se oponen a la Custodia Compartida de los menores tras el divorcio, suelen argumentar de forma absurda y disparatada en contra de la Custodia Compartida, llegando, incluso, a decir que la misma perjudica seriamente a los hijos y también a las mujeres…

Claro que también se oculta por parte de los detractores, interesadamente, que quienes reclaman la Custodia Compartida están hablando de que la forma de custodia que debe de mantenerse después de la ruptura de la convivencia, es la que existe dentro de las “familias intactas” en las que la madre y el padre viven juntos y con sus hijos.

Quienes reivindican la Custodia Compartida están hablando de seguir compartiendo padre y madre (como en las familias intactas) pese a no vivir juntos las tomas de decisiones, las responsabilidades y la autoridad en relación con la salud, la educación y el bienestar de los hijos; otorgando a cada uno de los progenitores similar importancia, pero esto no significa necesariamente iguales periodos de tiempo con ambos progenitores, aunque sería recomendable que el tiempo durante el cual residen con cada uno de los padres nunca fuese menor del 40 % .

Pienso que el verdadero debate que debería abordar el Parlamento (abriéndose también a la opinión pública) es el de crear en España una nueva mentalidad, una nueva cultura respecto de la ruptura del contrato matrimonial, la resolución pacífica de las rupturas matrimoniales como solución a los miles de casos de separación y divorcio (muchos de los cuales se podrían reconducir) velando por el cumplimiento del mandato constitucional de protección de la familia.

El Gobierno de la Nación tiene la obligación de instaurar la Mediación Familiar Obligatoria para evitar que se sigan repitiendo casos, como los que se vienen produciendo de tal grado de desesperación y locura que en ocasiones terminan en tragedias y en pérdidas de vidas humanas.

Es necesario educar a una gran parte de nuestra sociedad para que aprenda a ser padres y madres divorciados, familiares de padres separados, amigos de padres separados, hijos de padres separados. La Custodia Compartida es sin duda una nueva filosofía de vida en la que, los padres tendrán que adentrarse para compartir el Amor de sus hijos, las Responsabilidades y también los Gastos.

Pero, si algún día, tal como es deseable (y así lo viene ordenando la jurisprudencia del Tribunal Supremo de España desde hace más de un lustro) se generaliza la Custodia Compartida, ésta se quedaría coja si no va acompañada de la Mediación Familiar Obligatoria, que haría que aumentara la responsabilidad de los padres, al hacer desaparecer la actual situación que sobreprotege a una de las partes en detrimento de la otra, y que desgraciadamente desprotege a los menores.

Es necesario reiterar, repetir hasta el hartazgo, que el equilibrio emocional de los hijos requiere la presencia de ambos progenitores, para preservar el interés superior del niño, a la vez que se da respuesta a las complejas situaciones que se suscitan en las situaciones de ruptura matrimonial es imprescindible que se impulse algún mecanismo que propicie el consenso frente a la confrontación, que limite las expectativas de las partes enfrentadas con respecto a posibles ventajas económicas o generadoras de desigualdades e incompatibles con el ejercicio de la Coparentalidad.

Es también imprescindible que se cree un sistema que fomente la corresponsabilidad frente a las “obligaciones” respecto a los hijos, y sobre todo es importante que respete la voluntad de las partes en cuanto a la organización de su tiempo y los periodos de convivencia con los hijos.

Se trata de instituir un método que haga partícipes y responsables a los cónyuges en la solución de sus desacuerdos, y que puedan contar con la ayuda de un experto en resolución de conflictos, habilidades y técnicas jurídicas y psicosociales: el Mediador Familiar.

No puedo terminar sin volver a insistir en que la Custodia Compartida- sigue siendo la excepción en los casos de divorcio.

 

La manera tan peculiar de gestionar el divorcio en España ha dado lugar a un profundo divorcio social (entre administración y administrados, entre usuarios de la administración de justicia y los jueces, fiscales, etc, entre los ciudadanos y los partidos políticos con representación en el Congreso de los Diputados). Por un lado, los estudios científicos y la opinión pública coinciden en considerar que la custodia compartida es el régimen de convivencia familiar más idóneo para el desarrollo de los hijos.

Por otro, los tres poderes del Estado, sordos ante el clamor popular y ciegos ante la evidencia científica, han sacrificado durante cuatro décadas el interés superior del niño, dándole prioridad al interés no tan superior de la madre, dándole prioridad al “favor matris”.

Sería enormemente extenso mencionar la ristra de estudios realizados hasta la fecha sobre la eficacia, los enormes beneficios, de la Custodia Compartida, tanto para los menores que se supone que son la parte más vulnerable, y el bien a proteger, como para los adultos implicados, pero no puedo dejar de señalar nuevamente, que los partidos políticoscon representación parlamentaria (y los que están en la idea de conseguirla en futuras elecciones generales) deberían de consultar, o como poco echarle un vistazo al “Examen de 20 estudios sobre la custodia compartida de los hijos”. Nielsen, Linda (2011): Shared Parenting After Divorce: A Review of Shared Residential Parenting Research (Journal of Divorce & Remarriage, Volume 52, Issue 8, 2011, pp.586-609).

En este trabajo se incluyen únicamente los estudios que definen la custodia compartida como régimen de convivencia en el que los niños pasan, como mínimo, el 35% de su tiempo con cada uno de sus progenitores. En total se examinan 20 estudios llevados a cabo a lo largo de los últimos 30 años.

En cuanto a la relación de los hijos con su padre, el examen de esos 20 estudios permite a la autora sacar las cuatro conclusiones siguientes:

– Los hijos de padres divorciados obtienen un beneficio máximo cuando su padre participa activamente en sus vidas mediante múltiples actividades diarias que le permiten ejercer una función de autoridad en lugar de limitarse a una función de permisividad.

– Cuando los hijos viven sólo con la madre, la mayoría de los padres pasan muy poco tiempo de calidad y autoridad con los niños.

– Cuando los niños viven sólo con la madre, la relación de los hijos con su padre tiende a debilitarse o deteriorarse, y esa pérdida de la imagen paterna tiene efectos negativos a lo largo del desarrollo de los niños y en su vida adulta.

– La solidez y la calidad de la relación de los hijos con su padre depende de la cantidad de tiempo que padre e hijos pasen juntos en los años inmediatamente posteriores al divorcio.

Asimismo, el examen de los 20 estudios permite sacar otras cuatro conclusiones generales respecto del bienestar de los niños:

– La mayoría de los niños en régimen de custodia compartida tienen un nivel de bienestar tan bueno o mejor que el de los niños que viven sólo con su madre.

– La custodia compartida es beneficiosa para los hijos con independencia de que los padres sean o no excepcionalmente cooperadores, de que haya o no conflictos entre ellos o de que el interés por compartir la convivencia con sus hijos sea recíproco.

– Los jóvenes adultos que han vivido en régimen de custodia compartida dicen que esa solución fue la mejor para ellos, en contraste con los que vivieron sólo con sus madres tras el divorcio.

En la mayoría de los países civilizados, las leyes, la opinión pública y las decisiones de padres y madres son cada vez más favorables a la custodia compartida.

No puedo terminar, sin señalar que la Guarda y Custodia Compartida reduce la conflictividad judicial de las familias, favorece la cooperación entre los progenitores (que por más que se diga por parte de quienes se oponen a ella, no es conditio sine qua non que “se lleven bien “, o que “tengan buena relación “ )

Y una penúltima cuestión: La Guarda y Custodia Compartida favorece la economía judicial y procesal de en la Administración de Justicia, propiciando además el principio de mínima intervención judicial en los casos de separación y divorcio…

Así pues Señores Diputados: ¡Déjense de miedos, fobias, complejos, sacúdanse el yugo del lobby feminaziestalinista degenerado… y a hincarle el diente; pues el que pretende solucionar algo, busca soluciones, y una vez encontradas, las aplica… el que no, suele buscar pretextos!

Y una última cuestión:

¡No olviden que la perversa ley de “violencia de género” es el principal obstáculo para que se generalice la custodia compartida de los hijos tras el divorcio! Mientras siga existiendo, todo lo que legislen seguirá siendo papel mojado.

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