La manada, las manadas
Insultos y amenazas ladrillazo

Desconozco los detalles del asunto de “la manada”, ni soy juez, ni lo estoy juzgando yo

Existe en España cada vez más algo que se ha venido en llamar los juicios paralelos. En los juicios paralelos, la gente oye algo en una emisora de radio, lee el titular de un periódico y ve un par de opiniones en una televisión y dicta su veredicto. Sucede en muchos casos, también en el caso del famoso juicio de la manada.

En la sentencia de este juicio dictada ayer, día 26 de abril, los jueces observaron abuso sexual contra la denunciante, pero no observaron agresión sexual. Esa observación supuso que los acusados fueran condenados a 9 años de cárcel, en lugar de a los 20 años que les habrían correspondido en caso de haber observado esa agresión.

Uno de los jueces no observó ninguno de los dos delitos, ni abuso sexual, ni agresión sexual, imagino que tendría muchos más datos que yo y que el 99% de los jueces que en paralelo ya habían dictado su sentencia en la calle, incluso antes que ese juicio se hubiera producido.

Se procede al linchamiento público

En casos tan mediáticos como estos en los que, además, se ha producido una sentencia muy diferente a la dictada en la calle, se procede después al linchamiento público de los jueces, sobre todo de aquel juez que no ha observado delito alguno. Así ha sucedido ayer.

Parece que en este país, no formar parte de una manada, la que en este caso insulta a los jueces, se manifiesta en la puerta de los juzgados, o les pretende poner en la diana en redes sociales, significa posicionarte del lado del delincuente. Nada más lejos de la realidad, yo no me pondría en la puerta de un juzgado para linchar a nadie. Ni a Ana Julia Quezada, ni al más sanguinario de los asesinos que podamos imaginar. Eso no quiere decir que yo esté a favor de esos asesinos, simplemente no me gusta formar parte de ninguna manada y menos de una de justicieros.

Los insultos y amenazas en redes sociales

Tras esa sentencia, una periodista del diario “Público”, publicó un twit que, bajo mi punto de vista, significaba poner al juez que no observó delito en la diana de la manada justiciera y linchadora. Que yo piense eso, repito, no quiere decir que yo defienda a los tipos de “la manada”, todo lo contrario. Tengo mi opinión sobre ellos, que no es nada buena, y la libertad de no hacerla pública.


Ante el comentario de esta periodista, mi respuesta fue la siguiente:


Este es el enlace de mi tuit, al cual pueden acceder perfectamente desde este artículo para ver todos los insultos, ofensas e incluso amenazas físicas que he recibido. Pero además de esos insultos y amenazas, he recibido incluso consejos de gente, por supuesto mucho más inteligente que yo, aclarándome que no ese comentario no se trataba de acoso, era simplemente una opinión, mientras acto seguido yo era insultado o calificado de una forma despectiva.

Se me ha llegado a llamar asesino, hijo de puta, fascista y se me ha llegado a amenazar con “pegarme ladrillazos en la cara”, de ser localizado por la calle. Es decir, mientras esa gente tan inteligente me explica la diferencia entre opinión y acoso, a mi me insultan, me amenazan y me acosan por expresar mi opinión. No solo eso, llegan a interpretar que yo estoy a favor de los presuntos violadores y en contra de la chica presuntamente violada.

Vivimos en una sociedad de manadas

Al final, el resumen es que vivimos en una sociedad desgraciadamente dominada por las manadas. Hace mucho tiempo que, cuando me suceden casos como estos en Twitter, ni siquiera contesto. Creo que entrar en un debate en el que alguien te acuse de algo que es falso, ya es darle la razón y permitir que te lleve a su terreno. Explicar que por decir lo que le dije a esa periodista, no quiere decir que yo esté posicionado del lado de “la manada”, cuando es todo lo contrario, significaría tener que justificarme, algo que yo no veo necesario.

Existe una absurda moda en la que parece que la gente tiene que demostrar públicamente y de manera continua cosas que son lógicas. No veo necesario ir diciendo continuamente que no me gusta que se maltraten a los animales, que se violen a mujeres o que se mate a nadie, para demostrar que estoy en contra de todo eso. El estar en contra de todo eso es lo normal, lo anormal es no estarlo. Me preocuparía tener la necesidad de demostrarlo públicamente de una manera continua, a mi todo eso me parece que es como querer demostrarlo, sobre todo a uno mismo.

Que una persona quiera llegar a una conclusión gratuita y falsa sobre lo que yo piense o no piense y se la guarde para él, me parece perfecto, es muy libre. Pero esas personas que, no solo llegan a una conclusión gratuita y falsa, sino que llegan al insulto y a las amenazas, como alguna que ha aparecido por ahí, pues eso ya no me parece bien. No tienen derecho alguno ni a amenazarme, ni a insultarme, sobre todo cuando yo ni siquiera me he dirigido a ellos.

En estos momentos apostaría a que muchos de ellos van a tener la oportunidad de que nos veamos las caras, pero dudo mucho que vayan a decirme a la cara lo que me han dicho por redes sociales. Más que nada porque nos vamos a encontrar delante de un juez.