Motivos para rechazar un toro hay muchos, aunque los más habituales sean la falta de trapío, problemas en la vista o derivadas de la mansedumbre del animal, pero nunca habíamos leído que la causa de rechazo fuera un toro con tortícolis. Algo que sucedió en la corrida de la Beneficiencia que se celebró en Madrid el 11 de septiembre de 1890.
Resulta que en esa corrida de Beneficiencia el segundo toro de la tarde, de nombre ‘Culebro’, negro listón y numerado con el 7 de la ganadería de don Ángel González Nandín fue devuelto a los corrales. Tras las protestas de la prensa en sus crónicas, haciéndose eco de muchas otras de los aficionados, la comisión organizadora de la corrida publicó la siguiente nota:

<<El toro retirado al corral no lo fue por manso ni por tuerto, como se ha dicho, sino porque, aunque fue encerrado en perfecto estado de salud, fue acometido en el chiquero de un ataque de la dolencia conocida con el nombre de tortícolis, enfermedad que no permite enderezar el cuello, turbando más o menos la visión, por cuya causa al salir el bicho del chiquero tropezó con el pilarote de la puerta de arrastre y perdió toda la dentadura, ocasionándole tal hemorragia, que poco después de terminada la corrida fue preciso darle muerte en los corrales de la Plaza>>.

Esta es la pequeña anécdota que hoy queríamos compartir con todos vosotros, lectores y amigos de El Diestro y ¡Olé! y que cada día sois más, la del toro con tortícolis.

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