Nos hemos de remontar a un 5 de junio de 1870, en la Plaza de toros de Palencia. Ese día la Guardia Civil acabó la faena… Según cuentan las crónicas, un avispado empresario adquirió seis toros de entre cinco y seis años, grandes y de imponente arboladura. Para el festejo contrató a los espadas Gregorio López Calderón y Agustín Perera.
Y llegó el día del festejo, y esa mañana llegó a oídos de los espadas que los toros habían sido ya toreados y que no venía ninguno de cinco años. Los matadores visitaron a la autoridad, manifestando que aquellos toros no eran de lidia, no por la edad sino porque ya habían sido lidiados. El presidente designado para el festejo les contestó que eso no tenía importancia y que si no morían los bichos a la primera estocada que le dieran otras y al avío.

Y se inició la corrida y ya el primer picador acabó en la enfermería, tras el tremendo golpe que propinó al caballo. Y así, con una vara y dos picotazos de refilón se cambió el tercio. Llegando el turno de la muleta para Gregorio López Calderón lo pasó por la franela y entró a matar, respirando cuando cayó a la arena, pero no acabó ahí la faena pues el puntillero levantó al toro, lo que provocó que tras esto fueran trece los pinchazos que se le propinaron al animal. Durante la lidia el banderillero Noveteras sufrió un golpe de estoque, por lo que acabó en la enfermería.

Salió el segundo de la tarde, que en el tercio de varas acabó con cinco caballos. Tras el cambio de tercio otro banderillero se dañó en la rodilla, por lo que también se retiró a la enfermería. Las banderillas fueron difíciles de poner a este segundo toro, lo que provocó una nueva lesión  y el cuarto lidiador a la enfermería. Y en el tercer tercio, tras una lidia complicada, Agustín Perera sufrió una importante voltereta, lo que provocó su paso por la enfermería.

Gregorio López Calderón dijo al presidente de la corrida que lidiaría los toros restantes pero que era preciso que uno o dos peones estuvieran a su lado para hacerle el quite necesario. El presidente ordenó en ese sentido a los peones, pero estos se negaron, en el mismo sentido se dirigió al presidente el puntillero; por lo que el presidente no tuvo más remedio que mandar retirar a todo el mundo del ruedo y el callejón y ordenar a la Guardia Civil que disparara contra el animal. Finalizando en ese momento el festejo. Ese fue el día que la Guardia Civil acabó la faena.

Los lidiadores que desobedeciron al presidente fueron detenidos y encarcelados durante 48 horas. Agustín Prerera falleció cinco días después en el Hospital de San Lázaro.

Luis Francisco Esplá y el Guardia Civil

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