Compartimos hoy una anécdota de esas que solo habrá ocurrido una vez en la historia del toreo. Una anécdota titulada una estocada de chiripa. Nos hemos de remontar a un 29 de abril de 1865, en la plaza de toros de Sevilla.
Según cuentan las crónicas, el diestro Francisco Martín, ‘El Corneta’, andaba algo aperreado para dar lidia al toro Remendao, de la ganadería de Miura, entonces de la viuda de don Juan Miura.

El gran Antonio Sánchez, ‘El Tato’, compañero de cartel, se compadeció del torero salmantino, viendo las fatigas que estaba sufriendo y para sacarle del apuro, hizo él la faena de muleta, ahormando la cabeza del bicho, hasta que estando este a punto de caramelo, le ordenó que entrara a matar. Así lo hizo ‘El Corneta’, dando de primeras un pinchazo en hueso y luego, en tablas, un volapié que dejó atónito al propio ejecutante, pues dicho sea de paso Francisco Martín era bastante mediocre.

Aquella estocada mereció un calificativo que no se hallará en ningún tratado de tauromaquia. Fue una estocada… de chiripa.

Víctor Carrasco, el rejoneador en coche

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