Leo en el primero número de la gran revista El Ruedo correspondiente al año 1965, un artículo referido al juez supremo en los toros, el público y firmado por don Antonio. Un artículo que dice así:
<<Cualquier tarde de toros, en cualquier plaza, tu vecino de localidad saca el pañuelo para pedir una oreja, chilla si el presidente se retrasa en complacerle y alborota con ostentación:

-¡La primera oreja la da el público, que es el juez supremo!

Y tiene razón, porque así está escrito por quien puede hacerlo. Pero yo en cuanto oigo lo de “juez” siento que se remueve en mi subconsciente el título de abogado que tengo colgado en casa y empiezo a ver los toros bajo un enfoque jurídico.

Bueno está lo del “juez supremo”. Mas si en una umanidad ideal también lo sería el libre arbitrio de los jueces, la triste y real desconfianza humana rechaza al juez que no sentencie de acuerdo con un código establecido y vigente.

En toros, ¿qué código puede aplicar el público, “juez supremo”? ¿El de las tauromaquias clásicas para el arte del torear? No, porque el arte está en plena y constante evolución. ¿El del Reglamento en lo que se refiere al orden de la lidia? Tampoco, porque se incumple de la cruz a la fecha y sobre todo en lo esencial.

Entonces para este juez supremo e inapelable, ¿no hay más ley que la de su capricho? Efectivamente: cada tarde de toros se puede sentar jurisprudencia. Una jurisprudencia que queda derogada por el capricho imperante en la corrida de toros de la tarde inmediata.

Por eso cuando el tratado técnico o la ley escrita fallan quedan en reserva una fuente de derecho: la cosntumbre, es decir, la tradición. Que en el caso concreto de la tauromaquia se centra en la afición. Educarla para actuar como “juez supremo” según un recto “arbitrio judicial” es la misión que Fraga Iribarne señaló a las Peñas. Me gustó que lo dijera, y me gustaría que las Peñas estuvieran por esta vez a la altura de su misión>>.

Una interesante misión que dejaban en manos de las peñas. Y hoy en día ¿quién educa al juez supremo en los toros?

Los mayores enemigos de la fiesta

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