futuro

A veces, entro en un gran centro comercial y reparo absorto cuantas cosas no necesito; pero enseguida reflexiono y caigo en la cuenta de que yo soy, digamos, de otra época y arrastro esa falsa dignidad de no estar “enganchado” a ciertas novedades. La reacción lógica es que en realidad no se puede ir contra el progreso.

En castellano se llama futuro compuesto o futuro anterior a un tiempo verbal que tiene la singularidad de reunir, en su misma denominación y en su uso, el futuro y el pasado. Pero de todas sus utilidades, una me interesa sobremanera: cuando manifestamos una hipótesis sobre el pasado y decimos “se habrán perdido”, por ejemplo, para explicarnos un retraso. “Habrá sido eso”, “habrá sido así”, son los dos modelos de frase con los que rehacemos un pasado desde el futuro de ese pasado.

Este análisis me lleva a la conclusión de que nuestra gramática es tan rica como nuestra idiosincrasia andaluza de filosofar ante los diferentes avatares que el tiempo o el progreso nos depara. Discernir entre los avances del futuro sobre ocio y tiempo libre y nuestras verdaderas necesidades es sin duda cosa de mayores o de gente de pueblo, sin embargo cuando reflexiono un poco más no puedo por menos que recordar algo que leí del gran filósofo, Spinoza.

Que dice sobre la libertad:

“Quien procura regir sus afectos y apetitos conforme al solo amor por la libertad, se esforzará cuanto pueda en conocer las virtudes y sus causas, y en llenar el ánimo con el gozo que nace del verdadero conocimiento de ellas, pero en modo alguno se aplicará a la consideración de los vicios de los hombres, ni a hacer a estos de menos, complaciéndose en una falsa apariencia de libertad”.

Esta falsa apariencia de libertad es la derivada de sostener un libre albedrío más o menos omnipotente de un alma o espíritu desligado del cuerpo: eso no es libertad, sino ilusión de libertad. Entender la necesidad de las causas y efectos, eso es la libertad.

Spinoza también es el antecedente filosófico más importante de la actual neurociencia. No lo digo yo, lo he leído también, en este caso del portugués Antonio Damásio uno de los, para mí, más sobresalientes sicólogos actuales. Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 2005.

A veces, cuando abro un libro, lo hago pensando en encontrar explicación a tantas cosas que necesitamos saber.

Torres de Babel

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