dilema

La verdad, es que me encuentro incómodo a la hora de opinar sobre este tema, sin saber, para cuando se publique mi parecer, el estado del pequeño Alfie Evans.

Ahora que el respeto hacia la naturaleza está tomando la importancia que siempre debió tener, me desanima profundamente el futuro del bebé británico con una enfermedad terminal que anoche fue desconectado de la máquina que lo mantenía con vida. Sus padres mantienen una lucha con los médicos y con la… digamos, justicia de su país, que ha dado la razón a estos últimos.

En un recurso desesperado los padres han querido llevarlo al Vaticano porque incluso el Papa Francisco les da la razón y mantienen que el niño continúa respirando y no sufre.

Este nuevo caso vuelve a poner en la palestra el dilema moral de la eutanasia. No existe consenso entre los juristas, profesionales sanitarios y especialistas en bioética sobre la necesidad, ventajas, inconvenientes y límites de esta medida irreversible. En el mejor de los casos, suponiendo que dicha despenalización se llegue a aplicar en nuestro país algún día, la misma sólo afectará a un número muy reducido de personas, como se ha demostrado en los pocos lugares en los que la misma se encuentra vigente; de hecho, deja sin respuesta a la gran mayoría de seres humanos que afrontan el último tramo de su existencia. En contraste con esta realidad, unos cuidados paliativos de calidad, asequibles a todos los miembros que conforman la comunidad humana, se presentan, para la gran mayoría de personas que se acercan al final de su existencia, como una alternativa válida indiscutible a la que es preciso que las autoridades sanitarias presten una atención urgente y prioritaria.

La vida y la muerte son dos aspectos naturales de nuestra existencia, todos morimos a cada momento, nuestro cuerpo joven se va perdiendo y sobre todo a través de nuestras células. Hipócrates, tenido como padre de la medicina empeñó su estudio en la lucha contra el dolor, no contra la muerte, eutanasia viene del griego eu (bueno) y Thanatos (muerte) que significa buena muerte, pero, sinceramente, no encuentro en los pros ni en los contras para mi propia conciencia, razón que me hiciera decidir con verdadera seguridad que opción tomar en caso de una situación cercana que me incumbiera. No me convencen las razones religiosas o ateas que defienden una postura o la contraria.

Hasta hace poco mis principios cristianos me hacían decantarme por los criterios de la iglesia, hasta que leí parte del libro del Profesor Antonio Monclús, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (Ciencia de las Religiones), sobre este tema, La eutanasia, una opción cristiana, que me parece apasionante y digno de ser discutido. Solo me gustaría, humildemente, considerar la opinión de este profesor que mantiene que la eutanasia es una opción cristiana, y lo es desde la defensa de la vida, de la vida en plenitud en el más genuino sentido evangélico, cristiano, que hoy podríamos traducir vida de calidad. El cristianismo no es –o no debe ser- una religión dolorista, justificadora del sufrimiento. Todo lo contrario: es una religión que lucha contra el sufrimiento y sus causas.

El concepto de la salvación de Jesús incluye (Bienaventuranzas) una liberación del sufrimiento y del dolor.
Jesús critica el sistema y el orden establecido para explicitar que la vida debe entenderse como plenitud, donde prima el gozo frente al sufrimiento.
Jesús es un mensajero de la paz y de la sinceridad que  rechaza las normas instaladas por encima de la profundidad del ser humano, las imposiciones que no tienen en cuenta el criterio básico y omnipresente del amor, deseado por la divinidad.

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