Insultos de Ana Julia a Gabriel
Ana Julia Quezada Cruz -Perfil de Facebook-

Antes de condenar de una forma u otra “categorizan” al asesino y a la víctima

Me produce estupor, vergüenza e irritación ver de qué manera se ha tratado el asesinato del niño Gabriel Cruz por cierta parte de la izquierda y de defensores de la ideología de género. Antes de condenar como merece un asesinato como este analizan quién es la víctima y quién el asesino.

Todo esto nos lleva a un punto surrealista y vergonzoso como el que se ha generado tras el asesinato de Gabriel Cruz. Los mismos que ante cualquier asesinato a manos de un hombre esparcen su odio y claman venganza, piden lo contrario en este caso como si fueran hermanitas de la caridad. A Gabriel le ha matado una asesina que es mujer, negra e inmigrante, entonces todo cambia para ellos.



Cambia hasta tal punto que deciden interpretar que este asesinato ha generado tanta indignación no por el hecho en sí, sino por el hecho de quien fuera el asesino. Llegan a extremos tan aberrantes como criticar el rechazo que produce un acto así interpretando que es por un odio racista, machista o xenófobo.

Un asesinato es terrible sea quien sea la víctima y sea quien sea el asesino

Yo detesto de igual forma a Ana Julia Quezada, que a José Bretón, al Chicle, o a cualquier otro asesino. A mi me da igual que sean hombres o mujeres, blancos o negros, españoles o extranjeros, son asesinos sanguinarios y es ese hecho el que importa, no otros. Palabras como las de Carmena en las que decía que el hombre lleva dentro de sí el ser violento por el hecho de ser hombre, repugnan.

Y lo más preocupante de todo es que desde ciertos partidos que no se esperaba un discurso similar se calla por miedo y complejos. Gabriel Cruz era una criatura inocente de ocho años que ha sido vilmente asesinada, da igual por quién. A mi no me produce más o menos indignación la procedencia del asesino, a mi me produce indignación el hecho en sí.

Hay hombres que matan, sí. Pero también hay mujeres. Pueden ser negros, blancos, amarillos o de cualquier otro color de piel. Pero la desgracia es que alguien no es asesino por ser de un género o una raza determinada. De ser así todo sería mucho más fácil porque sería más sencilla su identificación.

Ya está bien de pensar que un hombre por ser blanco, heterosexual y español es violento y un asesino en potencia. Porque eso sí que es una injusticia y una terrible desgracia que sí es una realidad y que estamos viviendo en España.

Aquí lo que importa es que un niño ha sido cruelmente asesinado

Eso es lo único que importa y lo que los subvencionados seguidores de la ideología de género quieren que olvidemos. Un niño al que se le debe un mínimo de respeto y cuyo asesino debe pagar por ello, sea quien sea. Eso es lo que produce rechazo y odio. Eso, y no las tonterías que se sacan de la manga cierta gentuza que lo único que busca es que su chollo económico no se acabe.

Porque se podrían preocupar de todo tipo de asesinatos, como sería normal en cualquier ser humano. Pero solo se preocupan de aquellos que les generan beneficios. De aquellos por los que sus asociaciones y chiringuitos reciben jugosas subvenciones estatales. Eso sí que es triste y penoso. Eso sí que es repugnante.



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