Seguimos mirando al pasado, a como se veía la fiesta en la década de los 40. Y hoy le toca al mozo de espadas, o de estoques, como le llamaban entonces. Una figura de la que ya hemos hablado en El Diestro y ¡Olé! El publicista y apoderado taurino Raimundo Blanco lo veía así:

<<Es un componente de la fiesta nacional que, aunque aparentemente parece jugar un papel secundario, hoy, que todo ha evolucionado, tiene en ella un acusado relieve en muchos casos, y sus nombres es de muchos conocids, tanto o más que algunos su de espá, balternos de la cuadrilla.

Su misión dejó de ser la del mozo de espá, que era servidor de todos, para convertirse en un servidor del matador con categoría entre ayuda de cámara, secretario y administrador.

Él es el encargado de hacer los itinerarios de las corridas que tiene que torear el matador, y tener con el tiempo preciso los billetes para los trenes y cama para el matador, si éste es de categoría que le permita ese lujo, teniendo ese negociando tan bien dispuesto que jamás le falta al matador su billete o cama, sea cualquiera la hora que lo solicite.

En la hora en que por la mañana, hasta la de vestirse, duerme, él vela su sueño, impidiendo, como el guardián, que nadie lo despierte, y corta todas las visitas inoportunas, que con frecuencia intentan perturbarlo, teniendo para todos una evasiva discreta, que calma la impaciencia de los visitantes.

Su labor, durante esas horas, es la de preparar los telegramas que con el resultado de la corrida han de expedirse después, cosa hoy un poco abolida, pues era un renglón de relativa impaciencia, que ha habido que suprimir en parte, no sólo por el aspecto económico, sino por lo ineficaz del mismo, por cuanto muchas veces se reciben después de leído en la Prensa y por la parte material de tiempo, dada la premura en que tienen que desplazarse. También se dedican a la limpieza y arreglo de los vestidos que ha de necesitar el matador par ala corrida, siendo el matador el que elije el color del vestido, que al tratarse de alguna corrida de algún interés para él, pretende aquel con que ateriormente tuvo suerte.

Por la mañana suele asistir al sorteo, y recibe instrucciones sobre el lugar donde han de salir los que hayan tocado en suerte, y hasta la hora del almuerzo se dedica a repartir unos sobres con billetes diversos, que unas veces sirven para ir a la corrida y otras para ir a la Plaza. Por regla general es persona intelegentísima y sagaz, que le basta una leve mirada del matador para adivinarle los pensamientos, hasta el extremo que se contagia de la nerviosidad del matador desde el momento que saba los vestidos hasta que lo acompaña al domicilio, después de la corrida, siendo su mayor satisfacción llegar él antes, pues es una prueba que lo llevan en hombros.

En el orden administrativo, él se encarga en pagar los hoteles, billetes del tren y demás gastos del matador y cuadrilla, con tal escrupulosidad, que rara vez merece recriminadiones del jefe, y suele cobrar la corrida cuando no va el apoderado, al cual rinde cuentas cuando lo ahce y en su defecto al propio matador.

Su sueldo oscila según la categoría del matador, siendo el máximo entre cuatrocientas y quinientas pesetas por corrida a más de algunas propinas como compensación a muchos favores que suele hacer a muchos amigos del matador, al reservarles entrada, que de otra manera no tendrían, teniendo la rara habilidad de distinguir entre los amigos del matador cuáles son los verdaderos y cuáles los denominados permazos, que sólo van cuando hay éxito y no preguntan más que impertinencias.

Una de las labores más complejas, aunque no lo parezca, es la de vestir al matador, pues éstos suelen ser escrupulosos en el menor detalle, y algunos algo caprichosos, hasta el extremo que tienen que hacer varias veces el lazo de la zapatilla, para que queden a su gusto, y con la faja y los machos suele ocurrir lo propio.

Al llegar a la plaza, se encarga el ayudante de llevar el fundón de los capotes y el bñucaro, mientras él solo lleva el de los estoques, que está siempre bajo su custodia, y encargándose él de extender sobre la barrera los capotes de brega del matador y armar las muletas, mientras se realiza el primer tercio, pasando seguidamente a coger las tres mulestas y tres estoques, los cuales entrega uno al matador, que suele ser aquel cuyo número pide, pues hasta esto hay un poco de superstición por haber tenido más suerte con uno que con otros.

Muchas veces, el matador es estimulado por las palabras de aliento de él, y es causa de unéxito que no se esperaba, y que le llena la satisfacción y orgullo, viendo cómo al llegar al hotel se llena el cuarto de amigos, prodigándole toda clase de saludaciones y felicitaciones, que él las recibe como su a él fueran dirigidas, teniendo una sonrisa irónica para los aduladores, pues sabe que, de haber sido un fracaso, ninguno de éstos había de aparecer por el cuarto, y sólo él, en la solidad del mismo, es el que le prodiga frases de consuelo y aliento para la próxima corrida.

De estos abnegados serividores se cuentan infinidad de anécdotas, unas trágicas y otras cómicas, y que por no ser muy prolijo de referir una sola que prueba la sagacidad de ellos. Es el caso que una ocasión quiso un matador probar al honradez de su mozo de estoques dejando sobre la mesa de determinada cantidad de duros que previamente había contado, notando con sorpresa al ir a cogerlo que había uno de más, por lo que le llamó la atención al mozo, contestándole éste:

-Ese lo he puesto yo para probar si era usted honrado>>.

Así se hablaba en 1945 sobre el mozo de espadas, o de estoques. Y la verdad es que esta es una figura de la que podríamos decir que poco han variado sus funciones desde entonces, pues continúan haciendo más o menos lo mismo que entonces y siendo una figura clave para el matador.

¿Por qué se llama montera?

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