día del padre

Muchas personas de mi generación, crecimos pensando que la celebración del Día del Padre era un invento de unos grandes almacenes con el fin de aumentar sus ventas. Lo de hacerla coincidir con el día de S. José por motivos religiosos y más recientemente el detrimento de los valores paternales en aras del feminismo han venido a dejar maltrecha la fiesta.

Pero resulta que fue una estadounidense, Sonora Smart Dodd la que inventó tal celebración en reconocimiento a su padre, Henry Jackson Smart, quien enviudó al fallecer su mujer en el alumbramiento de su sexto hijo. Era a comienzos del siglo XX y el granjero añadió a su tradicional rol masculino las labores entonces propias de la condición de madre, lo que le convirtió en un progenitor seguramente singular y, sin duda ninguna, muy completo.

Todo eso ocurrió hace ya más de 100 años y parece que ha pervivido dada la inmovilidad de la estructura familiar durante largo tiempo. Pero el nuevo, y afortunado, concepto de unidad familiar debería llevar a plantear una reflexión de la susodicha fiesta, al menos en este país, donde durante décadas y asumiendo que cualquier generalización es injusta, la figura paterna se asoció principalmente al ejercicio de la autoridad y el bienestar económico y dejó a la madre el papel de cariñosa cuidadora y organizadora del hogar.

Hoy, además de las familias consideradas tradicionales, hay familias con padre y madre del mismo sexo y familias mono parentales. Y sus cabezas, todas ellas, comparten el mismo amor por los hijos y las mismas responsabilidades. Pienso que de deberíamos revisar esta fiesta y la de la madre y ponerlas más al día o integrarlas en una sola.

Niños y niñas, mujeres y hombres, se benefician cuando los padres toman licencia o permiso de paternidad, es un paso vital para que se reconozca la importancia de compartir el cuidado de los hijos e hijas y constituye un medio importante para promover su bienestar y la igualdad de género en los hogares, el trabajo y la sociedad en su conjunto.

En definitiva, la paternidad, para muchos de nosotros, ha sido la experiencia vital más conmovedora, profunda y transformadora  y a veces complicada, que hemos tenido la suerte de elegir vivir. Como dijo  un día Simone de Beauvoir: “El padre no nace, se hace”, y el feminismo supone una oportunidad extraordinaria para “hacernos” mejores padres y hombres más justos. Y en este lío compartido, quienes lo compartimos en equipo, podemos aprovechar para aprender a liberarnos juntos, mientras hacemos de padre o de madre sin libro de instrucciones.

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