cristo de mena

“Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios” (Jn. 6,69)

Anoche tuve un ilusión, pero la realidad como la estaba visionado no quería que se fuera de mi lado. Mira por donde, creía que esta ilusión estaba pasando en la puerto de Barcelona, pero no. No sé si intenté apretar los ojos para no despertar, lo cierto  es que, esta mirada era tan real que  por  mis mejillas empezaron a deslizarse unas lágrimas que conforme iba pasando el tiempo iban aumentando. Lo primero que me vino en aquella  mirada era un desembarco, un desembarco que he visto muchas veces, pero que este no me quitaba la ilusión que, como siempre lo acogía con un arraigo,  como si fuese la primera vez  que se deslizaba por mis ojos. Lo primero que vieron fue la imagen de mi querida Legión, la tan laureada fuerza española a través de los años. En aquél momento veía a las fuerzas armadas  de nuestra patria simbolizada en los tres ejércitos.

Aquella imagen que tantas veces había visto, ahora en esta visión, la veía diferente. Esta para mí era muy personal. Aquellos caballeros legionarios poco a poco y a paso de legionario iban bajando por la pasarela hacía donde la gente les vitoreaba con vivas a España y con exaltaciones a estos militares que  poco a poco  iban forjando las dos compañías que iban a escoltar al Cristo de Mena, su divino hacedor desde los años 1930. Si el desembarco fue un éxito, de vivas a la Legión y a España, la superación  fue en la explanada de la Iglesia  de Santo Domingo de Guzmán, esta estaba  abarrotada de personas y como todos los años de antiguos caballeros  legionarios  que como yo en aquellos momentos seguían las lágrimas abultándose en las mejillas de aquellos valerosos hombres, entre ellos localicé  a un vecino  de mi barrio que antaño estuvo  muchos años encuadrado en estas fuerzas militares, donde en sus dos brazos tenía la calcomanía del Cristo de Mena que yo le veía desde niño y que ahora la veo más de cerca.

Hubo un momento en aquél  como si viniese del mismo Gólgota, un silencio de muerte, muerte que se reflejaría en la cara del Cristo después de su salida del templo. Aquél silencio de muerte fue roto por el cornetín de mando y la banda  de música empezaba el HIMNO NACIONAL. En ese instante por la bocana donde se encontraba el Hijo de Dios crucificado,  salía en procesión portado por caballeros legionarios. Nunca había estado yo tan cerca de aquella figura cincelada por Pedro de Mena en su original entre las tallas que efectuó fueron destruidas durante la caza religiosa de la II República. La que hemos visto en este Jueves Santo fue esculpida por Francisco Palma Burgos en el año 1941.

Cuando escribo esto es la mañana del Viernes Santo, estoy seguro que Málaga, lo mismo que toda Andalucía, mejor dicho, toda España habrá vitoreado y homenajeado al Cristo de la Buena Muerte y Ánimas personificados todos ellos, donde en toda España ha salido en procesión para glorificar  al Cristo que murió en la Cruz, para redimir  a todos los cristianos.

Esa noche del Jueves Santo en cada parada de ese trono lo realzan año tras año con el silencio de la noche, el colorido, el incienso y el olor   de los naranjos en flor imprime cada año un sabor nuevo, una savia enriquecedora. Todo esto creía que lo estaba viendo real, pero no fue así: mi sueño fue quebrantado por  una saeta que salía con voz viva de la televisión  de mi salón  un  rezo saetero que decía: hospital de San Jacinto/ cubre tus puertas de flores / que viene por tu recinto / la Virgen  de los Dolores, para el entierro de Cristo nos haya hecho un poco mejores.