De Dencás a Puigdemont y Anna Gabriel
Puigdemont y Anna Gabriel en las alcantarillas

Seis de Octubre de 1934

Horas después de que Companys declarara el estado catalán, el consejero de gobernación Josep Dencás (ERC) huye a través de las alcantarillas de Barcelona. Dencás iba acompañado de otros miembros de ERC, 80 guardias y un centenar de hombres mal armados.

Josep Dencás

Ante esa huida, el antecesor de Trapero en la jefatura de los Mossos por aquel entonces, Enric Pérez i Farrás, enviaba una carta el 27 de agosto de 1935 al político de ERC, e instigador de la sublevación de los Mossos siguiendo órdenes de la Generalidad presidida por Companys, Jaume Creus. En esa, Pérez i Farrás, le decía, entre otras cosas, lo siguiente a Creus:

Enric Pérez i Farrás

¿Tiene usted por casualidad la dirección de Dencás? Si la conoce, haga el favor de mandármela, pues pronto haré 11 meses que estoy encerrado y todavía no he recibido una palabra de él

La verdad, no creo que deba ser yo el primero en escribir, puesto que él está en libertad y yo preso y desconociendo su residencia…

Era evidente la cobardía mostrada por Dencás y todos los responsables políticos de aquel entonces y con qué amargura pedía explicaciones el responsable de los mossos encarcelado. Imagino que Pérez i Farrás aún debe estar esperando respuesta, o por lo menos una respuesta convincente.

La historia se repite

Ante la reciente huida de Anna Gabriel a Suiza y la anterior de Puigdemont y alguno de sus consejeros a Bélgica, es evidente que la historia se repite. Y no solo por eso, también por las declaraciones ante el juez Llarena de Marta Rovira, Marta Pascal, o la más que cobarde Carmen Forcadell.

Es decir, el romanticismo les ha durado un suspiro y llegó el momento del “sálvese quien pueda”. No hay que ser muy listo para imaginar lo que sucede entre todos los golpistas, tanto con los encarcelados, como con los fugados o los cobardes ante el juez. Entre cualquier colectivo de personas las traiciones se pagan muy caras. Es fácil imaginar lo que piensan los encarcelados de sus queridos camaradas, a pesar de lo que se digan en público y los patéticos lazos amarillos.

Pero lo que es mucho peor es la actitud de los separatistas de a pie, los más tontos. Y no digo los más tontos en tono despectivo, lo digo con más pena que otra cosa. Porque es muy penoso creer a un mentiroso que te ha vendido una supuesta independencia, como algo factible, como algo real y que se den cuenta que era mentira desde un principio. O mucho peor, que todavía no se hayan dado cuenta de que es mentira.

Mientras tanto, los separatistas de a pie lo que no se dan cuenta es que su propio futuro corre peligro. Las economía catalana se desploma, las empresas huyen de allí y Cataluña cada vez genera menos confianza a lo inversores. Es posible que con el paso del tiempo acaben encontrándose con una dura disyuntiva: o de charnegos por el mundo en Madrid, Andalucía o Aragón, o el paro en su amada república independiente.

Mientras tanto, sus queridos líderes o están fugados, o en la cárcel o pagando millonarias fianzas. Ellos no tendrán problema porque seguirán inventándose su ridículo y falso discurso y los votantes lo seguirán creyendo. Ande yo caliente…



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