camino a la libertad

De nuevo, los justos se alzarán para recobrar lo que les está siendo hurtado: identidad, valores, tradición. En definitiva, España, presidida por el águila de San Juan.
España está fracturada por su mitad, siendo mitades, nueva e irremediablemente, irreconciliables.

Una mitad, la hispanofóbica, odia a la otra mitad, la que siente a España como elemento esencial de su identidad.

Una mitad vive costa de la otra mitad engañada, sojuzgada y humillada.

Una mitad lleva a término una destrucción de todo pasado pretendiendo borrar lo indeleble para provocar la amnesia en la otra mitad.

Una mitad utiliza las herramientas propias del aglosionismo promoviendo la globalización a sabiendas (incluso los marxistas), los abortivos experimentos de ingeniería social (las mujeres y los homosexuales son víctimas de las femiestalinistas y los LGTBitas causantes de  un auténtico ejercicio de genocidio de la inmemorial institución familiar), o el abominable reemplazo poblacional a través del pretendido mestizaje (casi inexistente) por mor de una inmigración masiva en aplicación del sionista Plan Kalergi.


Una mitad por mor de la casta política y funcionarial está infantilizando, homosexualizando y mestizando (en un porcentaje aún pequeño porque la tendencia natural de la raza es no mestizarse) a la otra mitad.

No se engañen, no hay formación política al uso que no quiera destruir España ya sea por acción (sociatas, podemitas y secesionistas) u omisión (peperos y ciudadanitas) y que no quiera someter a esa mitad de ciudadanos que son y se sienten españoles, mientras son continua y sostenidamente parasitados por los malos, y, lógicamente, en detrimento de los buenos.

Mientras una mitad intenta demoler a la otra (que por cierto, ni es hispanófoba ni es antifranquista), ésta resiste gracias a la cimentación de siglos forjada en la grandeza, la bonanza, la adversidad y la tragedia.

Pruebas sobran y arreciará el temporal sobre esa mitad que duerme por las noches orgullosa de sentirse española y no tiene necesidad de agitar el franquismo para dividir ni para vivir del cuento, en tanto sabe que es es una grandísima y fecunda etapa histórica que colmó a España de organizaciones, estructuras y bienestar de la que aún somos deudores (hablar de los logros del franquismo huelga, pues la historia es imborrable para bien y para mal).

Ahora bien, ¿qué vendrá después de este asedio producto de la alianza de los enemigos externos e internos contaminados del entreguismo propio de los traidores con esa mitad que es y se siente española?

Pues lo inopidado una vez traspasado el umbral del punto de hartazgo que abrirá paso al elemento imprevisible, y probablemente con violencia ante la ignonimia sufrida tal y como la historia enseña ante este tipo de situaciones que al final se canalizan, inevitablmente, por tal vía.

Los traidores y los enemigos de España lo saben al igual que  los que les sufren.

Piensen que la historia tiene ejemplos recientes e incluso son parte del presente en la actualidad mundial.

Ahora, esa mitad tiránica pretende profundizar en esta podredumbre de sistema que se cae a trozos y como prueba el inminente control de las redes sociales vinculando las cuentas al DNI o la inevitable modificación de la Ley de la Memoria Histó(é)rica o Ley de la Mentira Histórica (que lo mismo da), pudiendo multar y encarcelar a los disidentes que se opongan a no recitar consignas políticamente correctas o quien se atreva a cuestionar la historia inventada por ellos en torno a esas gloriosas décadas de franquismo.

Las cárceles se llenará de disidentes, como auténticos presos políticos entrullados por pura disidencia de pensamiento y por cierto, no serán tratados con el guante blanco con que tratan al ese maltratador de embarazadas podemita, apellidado Bódalo o a ése golpista cebón llamado Junqueras, persiguiéndoles hasta que desfallezcan, a diferencia de PIGdemont con casa y putas pagadas por España o de Gabriel, la cupera reconvertida en una suerte de modosita Rita Maestre que prefiere a los suizos en vez de a los cubanos, que prefiere vivir de puta madre, a nuestra costa, antes que el colectivismo venezolano.
Y cuando llamen a nuestra puerta como disidentes, ya no podrán leernos más, sencillamente porque nos harán desaparecer como conejo en chistera y nos pensionarán en algún gulag.

Ya es hora de que esa mitad de España humillada por la  otra reaccione y no tolere que la otra mitad la vea como enemiga sin ser correspondida.

Pero hasta los enemigos tienen matices, y están trufados de debilidades, y así, los habrá decididos como Otegui o Mirella Boya, los menos, y los habrá débiles como Carmen Forcadell o Ana Gabriel.

Cuando llegue el momento de la lucha, inevitablemente, esos enemigos de mala entraña que pretenden anularnos verán como todo su pensamiento anglosionista globalizador , único, totalitario y excluyente es superado y pisoteado.

Pasaremos de un estado propio de la novela orwelliana 1984 a retomar una forma de organizarse que imita a la organización de cualquier comunidad natural que prospera y que permanece.

Territorio (España), pueblo como comunidad histórica (españoles), participación directa de la comunidad  en la elección de los cuadros meritocráticos de los que emana la autoridad y con ello la ley y el orden en pos del beneficio colectivo y sin que haya lugar para los enemigos de España (progrejetas-separatas) e inhibido de las malas influencias externas (organizaciones internacionales, todas, sin excepción, sionistas).

Algunos lo llamarán fascismo (en tanto que los actuales tiranos demoliberales, socialdemócratas y comunistas así etiquetan a todos aquéllos que no nos plegamos a su tiranía) pero las etiquetas son sólo éso y no importan si con ello se barre de España toda esta lacra.

Como bien dice en un reciente artículo Yolanda Couceiro (con la que no estamos de acuerdo en algunas posiciones dicho sea de paso), ser identitario no es una cuestión ideológica o política. Es una cuestión de supervencia.

Sean identitarios, aunque sea por puro egoismo, frente a todos éstos buenistas políticamente correctos de una timocracia acabada y con la vocación del genocida que se aplica con compulsión para destruir España.

Para conseguir preservar España hay que luchar y es la sociedad civil quien debe hacerlo, pácifica (ojalá) pero firme y contundentemente y fuera de los cauces institucionales, es decir, en la calle.

Nadie vendrá a sacarles las castañas del fuego. La puta verdad.

Que los deseos se hagan realidad.

Edu Morato – Abogado – Presidente de pasionxespaña.es

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