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“Los movimientos que pretenden cambiar el mundo suelen empezar reescribiendo la Historia”; nos dice Yuval Harari en su libro apologético del iluminismo globalista “Homo Deus”.

Por Federico Gastón Addisi*

Harari estuvo en el reciente Foro de Davos, en nada menos que tres paneles, desarrollando los tópicos de la IV Revolución Industrial que promueve Schwab. Y si éste piensa las tácticas y estrategias, Harari es quien le construye el relato. Imbuido de un claro sentido darwinista, sostiene que el hombre ha ido evolucionando desde miles de años, del primitivo “homo erectus”, al “homo sapiens” para llegar en este siglo XXI, inteligencia artificial y robática mediante al “homo deus”.

El autor, es para tomar en serio ya que viene de vender más de un millón y medio de libros y con este promete superar la marca. Es el nuevo Zbigniew Brzezinki con su “Era Tecnotrónica”, o si prefiere el lector; un Francis Fukuyama con su “Fin  de la Historia…”, lo cierto es que como aquellos, Yuval nos dice: “…cuando la tecnología nos permita remodelar la mente humana, Homo Sapiens desaparecerá, la historia humana llegará a su fin y se iniciará un tipo de proceso completamente nuevo”.

Como todo admirador del iluminismo, Harari aconseja dejar atrás lo atinente al espíritu, la metafísica, la religión y el nacionalismo y ascender a las mucho más seguras y alta esferas de la ciencia. Nada que los filósofos iluministas del sigl XIX en Inglaterra y Francia no hubieran dicho…sólo que infinitamente radicalizado. Es lógico, a esto lleva la creencia del progreso indefinido. «Homo Deus» consta de tres partes.

En la primera se anuncia la erradicación de todos los problemas de la especie humana, desde el hambre, la peste y la guerra hasta la posibilidad de erradicar la muerte. Así, en línea con el FMI y la OCDE, como para que no queden dudas de donde están sus intereses, nos dirá: “Esta es la razón por la que cada vez más individuos, organizaciones, empresas y gobiernos se toman muy en serio la búsqueda de la inmortalidad, la felicidad y los poderes divinos. Compañías de seguros, fondos de pensiones, sistemas de salud y ministerios de economía ya están aterrados por el salto en la esperanza de vida.

La gente vive mucho más tiempo de lo que esperaba, y no hay dinero para pagar las pensiones y los tratamientos médicos. A medida que los setenta años de edad amenazan con convertirse en los nuevos cuarenta, los expertos piden que se aumente la edad de la jubilación y que se reestructure todo el mercado laboral”. La segunda parte constituye un ataque a la visión humanista que ha servido para llevar al hombre a donde se encuentra. El autor, sin hacerlo expreso comparte la idea nietzscheana: “Dios ha muerto”; el nuevo Dios es el hombre. Volviendo a repetir la satánica soberbia del ángel caído que quiso ser como Dios. La tercera parte augura cómo será el mundo cuando prescindamos de la subjetividad en beneficio de la inteligencia artificial. desde ya la panacea que nos permitirá, como Dioses disfrutar las delicias de la IV Revolución Industrial para la que Harari trabaja.

*Historiador

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