irena

Estoy seguro de que más de uno me va a corregir mentalmente el título de este escrito. Porque todo el que esté un poco avezado en la actualidad de la política, sabe de sobra que el nombre de la portavoz de Podemos en el Congreso de los Diputados es Irene, no Irena y el apellido Montero, no Montera. Pero me he tomado la licencia de titular así, para que se vea claramente que esto es como salirse de la carretera, sin ninguna necesidad, y además queda muy feo. Yo creo, sin embargo, que, cuando Irene pronunció la expresión portavoza fue fruto de un lapsus, sin más, que no tenía preparado.

Lapsus que nos suele suceder a todos con bastante frecuencia y no tiene la mayor importancia. Pero que -una vez pronunciado- “se le encendió la bombilla” y en lugar de rectificar, supo capitalizarlo ¡¡ay que ver … capitalizarlo!! para seguir con la cantinela (como toda la izquierda española) de subvertir lo establecido en las normas dictadas por las autoridades académicas. Y -con las mismas- quiso hacer bandera de ese palabro y ahí se equivocó. Y por ello ha recibido muchas críticas. Porque como ella misma conoce, es más democrático aceptar las normas (todas las normas) que no hacerlo.

Sabe que no se puede decir oficinisto a un señor que trabaja en una oficina, ni futbolisto porque juegue al fútbol, ni flautisto porque toque la flauta, ni marxisto porque siga las doctrinas de Marx, ni tenisto porque juegue al tenis, ni finalisto porque haya alcanzado una final, ni marmolisto porque trabaje con el mármol, ni bromisto porque le guste dar bromas. Y, por tanto, Doña Irene Montero, usted no puede llamarse portavoza porque sea mujer. Usted es portavoz de su partido. ¡¡¡Tome nota, por favor!!!
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