ciudadanos

Para Rivera, Villegas, Girauta y compañía, el referente a seguir es Emmanuel Macrón (algo que han manifestado públicamente en multitud de ocasiones) cuyo electorado ha sido poco más o menos el de Rajoy: ovejitas asustadas, unas huían de Le Pen, las otras del esperpento de la izquierda guerracivilista. El centrismo es un comodín del sistema, que siempre está a la expectativa para cuando vengan mal dadas poder ofrecer nuevas falsas esperanzas al resto de mortales. El incipiente fenómeno centrista es cada vez más recurrente, hasta el punto de generar un efecto de arrastre en formaciones políticas tradicionalmente muy definidas hacia posiciones más ambiguas. Serán bienvenidos al reino del éter, pero han de tener presente que en ese reino el éter es el rey. Tal vez les convenga mucho menos de lo que piensan, a tenor de la subida espectacular de los centristas auténticos sobre los centristas asimilados.

BIENVENIDOS AL CENTRISMO

Las acepciones pueden llegar a ser reveladoras. La palabra “ciudadanos” en política significa todo y nada, ya que cualquiera puede ser un ciudadano. El nombre de una formación política o de cualquier otra organización tiene una significancia ya que transmite un mensaje más allá del marketing electoral: “¿Quiénes somos?”. Del término que da nombre a la formación más en boga en ese éter denominado centro político español se puede inferir:

a) Todo el mundo es bienvenido sea quien sea y piense como piense, porque todos somos ciudadanos. Un comodín pluscuamperfecto de no ser porque desde los primeros asentamientos el hombre sedentario tuvo que definirse primero para sobrevivir, después para vivir y posteriormente para existir. O quizá fueron las tres cosas a la vez. Vivir implica apostar por algo no se puede jugar a todos los números. La inclusividad universal del mundo de las ideas es una entelequia, ni todas caben ni todas sirven.
b) Siguiendo con la entelequia del arte de ser inclusivo, resulta ser un término exclusivo para la gente de las ciudades. Espíritu muy propio de tiempos en los que se le da enorme prevalencia a las masas urbanas relegando a la irrelevancia a los campestres. Que se le va a  hacer!, el medio rural es cosa de aquellos que no tuvieron la lucidez de seguir a las masas en su éxodo hacia la urbe prometida. Que el centrismo sea de origen urbanita e ignore lo rural no nos ha de extrañar, nos da pistas sobre su génesis; otro hijo de la orquestada cultura de masas. A los creadores de la marca les debió traicionar el subsconciente.

LA NOVIA ENTREGUERRAS

Cuentan que los hombres que iban a la guerra escribían cartas a sus amadas mientras sobrevivían entre batalla y batalla, si es que sobrevivía el amor. Los que no tenían amada a quien escribir pensaban en encontrarla a su vuelta. Pero un tercer grupo se hacía a la idea de que no volvería a verla o no la encontraría porque no regresaría del frente (teniendo en cuenta el número de caídos en combate era la opción más realista). Al tercer grupo se irían uniendo con el paso del tiempo los desesperanzados formando un destacamento que acabaría encontrando consuelo en los brazos de novias entreguerras (o entre batallas).

Ciudadanos es una suerte de novia entreguerras para sus votantes, lo cual no significa que la novia no tenga armas para convertirse en esposa, máxime cuando las armas las carga Bilderberg. A estas alturas no es ningún secreto que el presidente de Ciudadanos es el nuevo tutorizado para mantener a buen recaudo los designios del Nuevo Orden Mundial en las Españas, llegado el momento.  Clama Albert Rivera- como novia entreguerras que aspira a ser la prometida- por una nueva etapa para España de reformas liberales y europeístas para no caer en populismos ni nacionalismos;¿no habrá reparado que el europeísmo es otra forma de nacionalismo solo que abstracta; un nacionalismo sin nación ni patria y un populismo sin pueblo?

Los feligreses de la política siempre fueron más dados a curar un clavo con otro clavo en lugar de pasar el luto y confiar en la reflexión. Esa es la gran baza de un partido comodín. El sermón urbanita de los ciudadanistas es más o menos conocido a estas alturas: defensa del constitucionalismo, economía de mercado, mas Europa, hacer reformas y regeneración democrática. Para saber realmente que significa todo ese lenguaje etéreo, lo más adecuado es emplear el diccionario del barquero, o del granjero; aquella gente sencilla que – por encontrarse lejos del ruido- aún no ha perdido el juicio en medio de tanta confusión. Esa gente que, por casualidades del destino, no son ciudadanos. Si esas gentes no entienden una sola palabra del alegato político es que no hay nada que entender en esas palabras. Los urbanitas llevan tiempo acostumbrados a asumir sin entender lo incognoscible, y los campestres están acostumbrados a entender sin asumir lo que les parece incognoscible. Los primeros necesitan nuevas proclamas a las que seguir aunque sea por una temporada, dado que sus amoríos políticos se han ido al traste con la corrupción, la cobardía y la mediocridad. Los segundos divisan desde la lejanía que las cosas son más sencillas: el ascetismo es mejor remedio que el consuelo, en espera del amor verdadero. En tiempos de guerra todo es trinchera, del mismo modo que en tiempos de entreguerra tampoco es frecuente la castidad. La subida de Ciudadanos en las encuestas dibuja un panorama donde la tropa no apuesta por la castidad política. Se busca novia entreguerras, y existe una candidata bien posicionada y mejor instruida.

¿LA NUEVA ALTERNATIVA CONTROLADA?

Los votantes de la derecha, menos los irreductibles que aún viven en la ensoñación romántica de lo que fue el Partido Popular, acogen a Ciudadanos como una solución de emergencia. Por el lado de los socialdemócratas no convencidos, supone un bálsamo ante la izquierda más iletrada y paranoide que se recuerda. Quien no se consuela es porque no quiere. Un consuelo nunca fue un remedio, mucho menos una solución, pero en tanto se recompone el panorama sirve para que esas buenas gentes- que por candorosas  creen que España es una democracia, y por más candorosas que la democracia existe- puedan aferrar sus anhelos a una nueva prometida, en este caso de buen porte y de gran refinamiento. Aunque cuidado; el traje de novia no lo ha diseñado Ágata Ruiz de la Prada, sino  Bilderberg, un club muy dado a los matrimonios de conveniencia para sus intereses. En España andan buscando a su Macrón. Cabe preguntarse si el centrismo es una moda creada por aquellos que no desean que nada cambie, para aquellos que desean que algo cambie: la novia entreguerras como forma de  alternativa controlada. No sabían aquellos soldados que iban al frente la importancia que aquella novia entreguerras, objeto de sus anhelos, tendría muchos años más tarde.

Eduardo GómezLa verdadera derecha

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