lengua

TENGO UNA JARTÁ DE DÍCERES

Hace ahora unos meses salió al redondel del ruedo español, concretamente en Andalucía, mi tierra y la tierra de María Santísima, un aprovechao, exponiendo al tuntún y  por decir algo, le dio un avenate diciendo que la Asamblea Nacional Andaluza  tiene la intención de proclamar la república virtual Andaluza.  Este grupo se define como una organización «independentista y socialista cuya meta es lograr la liberación nacional de nuestro País y la liberación social de nuestro Pueblo» según ABC recreo. Abogaillos de tres al cuarto te los puedes encontrar en cualquier rincón del suelo patrio y los maolillos de turno salen a la palestra como fulleros  en una timba de cartas. A todo esto y por lo que estamos viendo los saragatas están a lo orden del día.

Una de dos, o estamos perdiendo el norte, el sur, el este y el oeste o nos hemos vuelto todos locainas: hace tiempo que el sentido exacto de la palabra engatusar está de moda por farfollas, en una palabra pringaos   de tres al cuarto. Se da ahora  la paradoja que no parió mama y sin embargo parió papa, todas la regiones españolas  desean tener su lengua vernácula. Los asturianos quieren imponer el bable donde PSOE y Podemos se han alineado respaldando la iniciativa del partido de la rosa marchita, como dice mi buen amigo  carlitos, de oficio aperaor y el guasonaso del grupo de  mis amigos. Pronto vendrán otros gilindones buscando meter sus lenguas en todas partes. Todos queremos tener nuestra lengua y si no la tenemos la inventamos. Después del bable vendrá el dialecto montañés o cántabru originaria  de Cantabría; donde se encuentran escritos en el Santuario de Santo Toribio de Liébana y un etcétera muy largo.

Mejor es dejar todo como está. Yo como andaluz desearía tener una lengua autóctona, lo digo por presumir, pero como no la tengo, presumo de tener palabras del Diccionario Andaluz. Nosotros presumimos de tener más acepciones que nadie, en cualquier rincón de esta tierra, en cada pueblo y en cada ciudad, en cualquiera de los caseríos  y pedanías, a una sola cosa le  colocamos distintos vocablos. Ahí van algunas de las oraciones.  El andaluz no sufre diarrea: se caga por la pata abajo.  El andaluz no duerme: se queda sobao. El andaluz no te llama la atención: te dice “andevás”.  Los dicharacheros están saliendo por los cuatro costados en nuestra piel de toro a escudriñar en los sentimientos plurinacionales, en donde  un ñono de remate dijo “que España es una nación y dentro de ella hay al menos tres naciones.  Ya ven, yo no tengo lengua, pero…tengo una jartá de díceres.

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