Artur Mas
Artur Mas

Una cosa es lo que dice, otra la realidad

Artur Mas puede decir lo que quiera acerca de su marcha. Puede alegar cansancio, decir que se retira. Puede contar las milongas que quiera. Lo que es cierto es que, como culpable de la situación que estamos atravesando actualmente, esta es una decisión que debería haber tomado hace muchos tiempo. Es todo lo contrario al Rey Midas, todo lo que toca lo arruina.

Ha sido un incompetente en toda su carrera política. El antiguo Arturo, segundón de Pujol, no consiguió nada tras sustituirle. Convertirse en presidente para arruinar y llevar Cataluña al abismo en el que se encuentra ahora. Hasta los de la CUP fueron capaces de acabar con él, o Puigdemont o elecciones. Pero no querían a Mas presidiendo la Generalidad, era malo hasta para los malos.


Motivos económicos

Pero los verdaderos motivos de su huida, los reales, son los motivos económicos. Mas creía que todos se iban a rascar el bolsillo para ayudarle en el pago de la millonaria multa impuesta por los tribunales por el 9-N, pero no ha sido así. La puntilla se la ha dado el embargo de su lujoso piso, de a 5.000 euros el metro cuadrado, y la negativa de La Caixa.

Cuando La Caixa le negó el aval para los dos millones de euros que le restaban de pagar de multa, acabaron con él. Tiene más de 61 años, el 31 de enero hará 62, y no está para muchos trotes. A Mas, el desastre, le habrá dicho su mujer: “ya has ido demasiado lejos con tus tonterías y a mi el piso no me lo quita nadie”.

A ver ahora cómo lo soluciona porque el problema sigue estando ahí. Ese todavía no se ha ido.


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