tabarnia

Digo muchas veces que si el trabajo y el sentido común de los españoles estuviera a la altura de la imaginación y la “chispa”, seríamos primera potencia mundial en todos los órdenes.

Y no ha tardado en aparecer la gracia hispana a raíz de la desastrosa situación de Cataluña -lo de hacer ‘de desgracia virtud’ es otra de nuestras características- tras el resultado cuando menos incierto de unas elecciones que nunca se debieron celebrar antes de alcanzar la “normalización de la situación” que anunciara el Presidente Rajoy cuando -tarde y mal- decidió aplicar el controvertido artículo 155.

Pero don Mariano…

fiel a su “buenismo” y deseos de paz y amor -propios de las fechas que llegaban, pero poco recomendables en otros momentos- entre el mayor número posible de fuerzas políticas del “Hemicirco”, sucumbió a las exigencias de esos “socios”, accidentales y oportunistas – C’s y PSOE-, que “no veían conveniente” o directamente “se oponían” a su aplicación un mes antes, y las convocó a manera de “regalo navideño” anticipado: “¿No queríais tres meses como máximo?, pues cincuenta y cuatro días y punto”. Se consumó así lo que casi todos preveíamos como un giro lampedusiano de 360º, “que todo cambie para que todo siga igual”, o peor, si cabía imaginar, y en esas estamos.

Pero hete aquí que surge la chispa española y aparece una nueva propuesta dentro del despropósito independentista y, ampliando la antigua reivindicación del Valle de Arán, la organización “Barcelona is not Catalonia”, propone la creación de una nueva comunidad autónoma -total, ya puestos, ¡qué más da diecisiete que dieciocho!- para dar de su propia medicina a los secesionistas catalanes y “crear” TABARNIA, recuperando una  idea de 2015 para “recuperar la antigua soberanía del condado de Barcelona”, uniendo varias comarcas de Tarragona y Barcelona – respectivamente, Alta y Baja Tabarnia-, para la que la siempre dispuesta Real Academia Española, a través de ese altavoz de comunicación “intelectual” que es Twitter, anticipa que el gentilicio más adecuado sería ‘tabarnés’, pero admitiendo como posibles ‘tabarniense’ -para mí el más apropiado al asemejarse a un periodo geológico antiguo y tribal- o ‘tabarniano’. ¿Será el Valle de Arán una especie de Condado de Treviño de la nueva Tabarnia u optará por la condición de ‘ciudad autónoma’ a la manera de Ceuta o Melilla?

Si bien la idea no deja de tener su argumentación lógica, al constituir esta franja costera de Cataluña una zona en la que la concentración no separatista, la economía y multiculturalidad, su bilingüismo y número de habitantes -más de cinco millones y medio frente a dos escasos-, la diferencia claramente de la Cataluña del interior y costera de Lérida y Gerona, donde el independentismo monolingüista y radical son supremacistas, en mi opinión esta idea no deja de ser la consecuencia esperpéntica -eso sí, mejor acogida por el españolismo, naturalmente- del esperpento mayor que constituye el llamado “proceso” que poco a poco se ha ido imponiendo en la región del Noreste español ante el sectario empecinamiento adoctrinador de unos pocos -cada vez más- y la permisividad de unos y otros gobiernos de España desde 1978, cuando se inventaron regiones sin justificación histórica, cultural o económica alguna, dando lugar a comunidades sin más sentido que el capricho u ocurrencia en unas -Cantabria, La Rioja, Murcia- o el resultado del reparto irracional en otras, que quedaban descolgadas -Madrid o Extremadura-, llevado al extremo en el Norte de África.

No faltaron los comentarios de algunos políticos, cómo no, de nuevo en Twitter, también altavoz de ese mantra de la izquierda contemporánea, la “Juventud mejor preparada de nuestra historia”, como Inés Arrimadas:  ”Lo de Tabarnia es una ocurrencia que pone al independentismo ante el espejo de sus propias contradicciones y de la fragilidad de sus argumentos. Es muy significativo lo nerviosos que se han puesto algunos” -a la que no le falta su parte de razón-, o la habitual salida de pata de banco de Gabriel Rufián -nunca un apellido definió mejor a su portador-: “Si Ciudadanos y FAES, que están detrás de Tabarnia, ganan las elecciones, el Govern no les encarcelará” -habrá que dar las gracias al ‘govern’-. Y para dar la razón a mi definición como esperpento de todo lo anterior -que me perdone don Ramón Mª del Valle Inclán- no ha tardado en aparecer en la “nueva” comunidad ‘tabarniense’ la contrarréplica independentista, Catabarnia, para acoger a los independentistas que pudieran quedar descolgados en ella. Claro está, sustituyendo en la hipotética bandera de Tabarnia las dos cruces de San Jorge por sendas estrelladas. Vamos que, al final y a poco que pudieran prosperar estas iniciativas -que en nuestra desnortada España no sería descartable-, tendríamos cuatro nuevas “comunidades” posibles, Catabarlege -con Lérida, Gerona y los municipios no incluidos en la nueva-, Tabarnia, Catabarnia y El Valle de Arán, para sustituir a la Cataluña actual. ¿Exagerado? Tiempo al tiempo, que “todo es posible en Graná” y ojo con las armas, que “las carga el diablo”.

Lo que no he escuchado a ninguno de nuestros políticos, los que quieren cambiar la Constitución y los que preguntan a los otros qué quieren cambiar, es cuestionar el origen de los problemas que han causado la mayoría de los males y crisis de nuestra España de hoy, el régimen de las autonomías que tan lucrativo ha sido para muchos como nefasto y desafortunado es en sí mismo, un disparate en toda regla que ha supuesto la ruina económica y lo que es peor, moral y social, de nuestra Historia, y que se ha convertido en un sistema insostenible e ingobernable -ya sé que lo he repetido muchas veces, pero a ver si acaba calando y llega buen puerto. Por optimismo que no quede-. Secundando las palabras del General Chicharro en un reciente artículo en el Blog del General Dávila: Tal parece que España está empeñada en un suicidio colectivo como nación, liderado por personajes mediocres pero que manejando bien los medios de comunicación acaban  adoctrinando a un sufrido pueblo español inconsciente de que este juego le lleva a la ruina”.

En mi opinión, el régimen de las autonomías sólo ha servido para potenciar a los mal llamados “nacionalismos históricos” y encender la llama en algunas regiones que nunca tuvieron sentimiento nacionalista, en ese macabro reparto del “café para todos” que se sembró en 1978, desconociendo u olvidando -que sería peor- lo que dijo al respecto don Miguel de Unamuno: “El nacionalismo es la chifladura de exaltados, echados a perder por indigestiones de mala Historia”, a los que se les dejó el campo abierto para sus fines y se les dieron las armas para ello, empezando por la Educación, que ellos convirtieron en doctrina.

Cierto que España es una gran nación, pero no lo es menos que sólo nos fue bien cuando estuvo al frente alguien con sentido de Estado -reyes o dictadores- y no líderes partidistas interesados en su provecho mayoritariamente ¿Nos traerá el Nuevo Año ese hilo de esperanza que empiece a poner las cosas en su sitio. Al menos ese es mi deseo y seguiré tratando de crear opinión en esa línea si no puedo hacer nada de otra forma ya que los partidos no quieren a nadie que cuestione su sistema podrido y el propio sistema no permite la aparición de un partido sano que rompa ese círculo vicioso en el que se ha convertido la política y los nuevos han demostrado con creces ser más de lo mismo.

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