lacitos amarillos

A veces, contemplando las ocurrencias (por no llamarles de otra manera) que practican algunos políticos, me da la sensación de que, a la altura de la historia que nos encontramos, parte de la población catalana camina hacia atrás como el cangrejo. Con sus lacitos amarillos y sus banderas falsas.


Hay que ver lo cursis, inanes y absurdos que son los políticos independentistas y que poco se identifican con la leyenda del catalán serio, eficaz, razonable y trabajador que los definía en tiempos pasados. Parece mentira que algunos de ellos pretendan emular a Tarradellas. Ni en un ápice, ninguno de los actuales independentistas podría ponerse a la altura de sus zapatos.

Mientras él pregonaba el diálogo y el entendimiento, para convivir democráticamente, estos ignorantes quieren la separación de España sin darse cuenta que quedaría toda Cataluña como Lérida y Gerona, que son las más separatistas y -por ello- las hermanas pobres de aquella región española.

La verdad es que no se comprende que los separatistas, además de cometer ilegalidades constantemente, sean tan ciegos que no se den cuenta de que consentir las andanzas del grotesco y bobo Puigdemont, rey de la nada más absoluta, podría llevarles a perder miles de puestos de trabajo, precariedad económica y desprestigio personal. Y tan burdos e infantiles que hasta para los actos oficiales lleven unos ridículos lacitos amarillos, cuya cantinela de presos políticos es tan mentirosa como ellos mismos.

Y que hayan defenestrado su propia bandera autonómica para sustituirla por esas ilegales, falsas y feas banderas independentistas. Sabiendo -además- que jamás van a conseguir la independencia porque España no lo consentirá. Sinceramente creo, que no tienen arreglo.

El nuevo e indecente comunicado de Puigdemont, ya ha perdido el norte por completo

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