soledad
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La soledad total es el final, pero mientras estemos solos entre los demás, podemos a la vez ayudar a otros, es un dar y recibir sin pedir nada a cambio. Llega un punto en la vida en el cuál comenzamos a cuestionar lo obvio. Sentimos que hay una realidad más profunda y comenzamos a buscarla. Esta es una búsqueda solitaria ya que las respuestas no se hallan en el mundo externo, sino en nosotros mismos.

El ser humano es una especie social por naturaleza. La vejez es uno de esos momentos en los que más fácilmente se puede experimentar la soledad. Esta etapa de la vida va acompañada de una sucesión de pérdidas, como el trabajo, el status social, el cónyuge, algunas capacidades físicas, etc., que facilitan que se produzca el temido sentimiento desentirse solo.

No es lo mismo estar solo que sentirse solo

En la Homilía de la Misa de apertura del Sínodo de Obispos sobre la Familia, Ciudad del Vaticano del 4 de octubre de 2015 dijo el Papa Francisco:

Adán, vivía en el Jardín del Edén. Él le dio nombre a todas las otras criaturas como un signo de su dominio, su poder claro e indiscutible, sobre todos ellos. Sin embargo, él se sentía solo, porque “no encontraba una ayuda adecuada para él” (Génesis 2,20). Él se sentía solo.

El drama de la soledad es experimentado por innumerables hombres y mujeres de nuestro tiempo. Pienso en los ancianos, abandonados incluso por sus seres queridos y los niños; viudas y viudos; los muchos hombres y mujeres que son dejados por sus cónyuges; todos los que se sienten solos, incomprendidos y sin precedentes; migrantes y refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y los muchos jóvenes que son víctimas de la cultura del consumismo, la cultura de los desechos, la cultura del descarte.

Y nombró 5 cosas del mundo actual que nos arrastran a la soledad

  1. Tenemos mundo globalizado lleno de mansiones y rascacielos de lujo, pero una disminución de la calidez de los hogares y las familias.
  2. Y tenemos muchos planes y proyectos ambiciosos, pero poco tiempo para disfrutar de ellos.
  3. Tenemos muchos medios sofisticados de entretenimiento, pero un profundo y creciente vacío interior.
  4. Además tenemos muchos placeres, pero pocos amores.
  5. Tenemos muchas libertades, pero poca libertad.

El número de personas que se sienten solos sigue creciendo, al igual que el número de aquellos que están atrapados en el egoísmo, la tristeza, la violencia destructiva y la esclavitud al placer y dinero.

Nuestra experiencia de hoy es, de alguna manera, como la de Adán: tanto poder y al mismo, tiempo tanta soledad y vulnerabilidad. La imagen de esto es la familia. Las personas de hoy, cada vez más toman menos en serio la construcción de una relación sólida y fecunda del amor, en la enfermedad y en la salud, para bien y para mal, en las buenas y en las malas.

El Amor, que es duradero, fiel, consciente, estable y fructífero, es cada vez más menospreciado, considerado como una reliquia pintoresca del pasado. Parecería que las sociedades más avanzadas son los mismos que tienen las más bajas tasas de natalidad y los más altos porcentajes de aborto, el divorcio, el suicidio, y la contaminación ambiental y social…

La humanidad no lleva buen camino

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