humanidad

La especie humana está contagiada e infectada, lo estamos viendo cada día, cada día vemos y nos proclaman todo tipo de medios periodísticos e incluso en cualquier rincón de la geografía vemos como bombardean instalaciones hospitalarias atacadas por, sabe Dios que, protagonismo, hayan caído misiles donde trabajaban Médicos sin Fronteras y según Unicef, curando a niños indefensos en Alepo ( Siria) dejados en la miseria a esa parte de Siria por culpa de una guerra despiadada. Un hospital fue atacado varias veces y en pocos minutos colegios de la zona fueron bombardeados y dejando un cementerio de escombros y de muerte. Igual a esta sinrazón vemos calamidades en cualquier parte del mundo vemos que la barbarie va ahogando hasta caer en una fagocitosis que está enferma de muerte y que no sirve para nada, la cual se está merendando todo cuanto se le presenta por delante.

La humanidad en la personas no lleva buen camino. El amor y la caridad entre las personas están muy debilitados hasta tal extremo que se está perdiendo el sentido común de los que es bueno y malo, la misericordia con el odio. Con todo esto estamos perdiendo los valores que se desean y se quieren para nuestros hermanos. Estos días hemos presenciado en las emisoras televisivas a una señora que falleció por una negligencia y según la Consejería de Salud manifestó lo siguiente. “Lamentamos profundamente el fallecimiento de esta paciente y las circunstancias que lo rodean”.

El día 29 de diciembre pasado, es decir hace muy pocos días , escribía en este mismo periódico lo siguiente: “La soledad nunca está sola. Llega con el tiempo maldito, un tiempo cargado de incertidumbres y contrastes con el ser humano. Estamos llegando a extremos insospechados, donde los protocolos hospitalarios dejan mucho que desear, con la indolencia y la aporofobia—palabra nueva—mezcladas con la falta de atención y el desinterés humano ha sellado previsiblemente la muerte de una anciana tras doce horas en la sala de espera del Hospital San Juan de la Cruz de Úbeda (Jaén).”

Hace solamente unos días hemos visto en las emisoras televisivas como entraba una señora afroamericana en un hospital de Estados Unidos, tambaleándose con ropas pobres y al parecer por lo que se le veía con una especie de atuendo de estar por casa, de vez en cuando se desplomaba de aquél pavimento hospitalario y al momento de componerse su ya abatida figura, volvía a caer otra vez al suelo. Por no tener la tarjeta sanitaria esta—pobre señora, nunca mejor dicho—la lanzaron a la calle por no tener la tarjeta sanitaria. Lo más esencial y caritativo a la vez, es que un hospital primero es el enfermo y después que venga lo que Dios quiera.

Estamos observando como las discriminaciones están a la orden del día en cualquiera de los estamentos de la sociedad, de una sociedad donde carece de caridad hacía el ser humano. La decadencia, la moral tanto espiritual como caritativa y compasiva está dando sus frutos por seres cautivos del mal. El desapego y la indiferencia del ser humano tienen un lastre muy profundo que nos lleva a un abismo impensado en el ser humano. “la vida es un tesoro precioso, pero solo lo descubrimos si lo compartimos con los demás” (Papa Francisco).

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