Carlos Puigdemont. Fuente: Wikimedia Commons

Su viaje a Dinamarca

Puigdemont quiere ser presidente de la Generalidad a toda costa, eso es más que evidente. Y para mi hay algo más evidente todavía, que él es el primero que tiene claro que no puede serlo estando en Bélgica o en cualquier otro sitio que no sea en España. Pero hay alguien mucho más importante que yo en esta historia que tiene esas dos premisas muy claras, el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

Puigdemont anuncia a bombo y platillo su viaje a Dinamarca, ¿para qué? Para, como bien se dice en el diario “ABC“, se reactive la euroorden, “ser detenido y así poder delegar su voto y de su propia investidura, amparándose en que no tiene libertad de movimientos”. Esta estrategia que, evidentemente ha diseñado alguien por Puigdemont dado que él no tiene capacidad para ello, no le ha funcionado. El juez Llarena no ha caído en su trampa, una vez más.



A Puigdemont cada vez le quedan menos opciones

Si hay algo que es innato al ser humano, que sucede siempre, es el olvido y el hartazgo. Ese es el gran riesgo que corre Puigdemont, el olvido y el hartazgo. Pero sobre todo el de sus fieles y sus seguidores. Una vez llegado ese momento, que llegará, Puigdemont ya no será nadie. Entonces no será más que un loco, eso sí que se está internacionalizando y no el famoso “prusés”, al que nadie tomará en serio.

Sus opciones son cada vez más escasas y su tiempo también. Como opciones le quedan dos. La primera continuar en Bélgica, sin volver a España. Ni será presidente, ni será nada. A no ser que su partido le coloque como eurodiputado para protegerle. La segunda es volver a España, ser detenido y conseguir delegar su voto. Pero eso tendría que ser ya. Los plazos se acaban y el pleno de investidura está a la vuelta de la esquina.

Pero hay algo evidente. El gobierno de Rajoy no se puede permitir la imagen de Puigdemont entrando en el parlamento catalán. Bajo mi punto de vista, en cuanto pusiera un pie en España será detenido. Y el tiempo seguirá pasando y él no podrá ser presidente.

Mientras tanto, Puigdemont, sigue dando vueltas por Europa. Pero sin poder entrar a España. Eso sí que está suponiendo un encierro para él. Aunque la cárcel sea muy grande y él intente disimular.


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