Gregorio Ordoñez

Así fue el asesinato

Hoy se cumplen 23 años del asesinato de Gregorio Ordóñez. Un 23 de enero de 1995, y mientras almorzaba en un bar de San Senastián, el etarra, Txapote, se acercaba por la espalda de Ordóñez, apoyaba una pistola en su cabeza y disparaba. Sin más, se dio media vuelta y huyó, dejando a Gregorio Ordóñez muerto.

En el diario “El País”, del 24 de enero de 1995, se describía el asesinato de esta forma, en palabras de María San Gil.

Vi que pasaba la mano por encima de Enrique Villar y apoyaba una pistola sobre la cabeza de Gregorio. creí que todo era una broma. Lo siguiente fue un ruido seco y vi que un borbotón de sangre le salió a Gregorio por el pómulo izquierdo. Entonces supe que no era una broma. El asesino le atravesó la cabeza de un solo disparo. salí dando gritos tras el terrorista, pero no pude alcanzarle.

Un médico de Palma, que se encontraba en el mismo lo cal, intentó reanimarle sin éxito debido a la gravedad de las heridas.



Otro de los testigos que se encontraba en el mismo local, relataba lo siguiente.

el que disparó casi tropieza en el suelo en su huida, porque estaba mojado y se le veía muy nervioso. Pero, si me lo ponen delante, sería incapaz de identificarlo, porque llevaba una capucha roja sobre la cabeza.Nadie en el bar se extrañó de que llevara cubierta la cabeza, ya que estaba lloviendo

Cuando Gregorio Ordóñez fue asesinado, estaba casado y tenía un hijo de tan solo un año y medio de edad.

Valentín Lasarte, solo cumplió 19 años de prisión

Hoy se cumplen 23 años del asesinato de Gregorio Ordóñez
Valentín Lasarte llevando el carro de su hijo, detrás de él, su mujer

Diecinueve años de prisión. Ese es el “ejemplar castigo” que “sufrió” este asesino sin escrúpulos.

Ahora pasea tranquilamente por las calles como un ciudadano más. Un ciudadano que ha cometido y ha sido declarado culpable de innumerables delitos.

El historial de Lasarte

  • José Antonio Santamarí (19 de enero de 1993)

El 19 de enero de 1993, el ex futbolista de la Real Sociedad y empresario José Antonio Santamaría cenaba con amigos en la sociedad gastronómica Gaztelupe de San Sebastián con motivo del inicio de la Tamborrada. Valentín Lasarte acompañó al local al etarra Juan Antonio Olarra, que le pegó un tiro en la nuca. Tenía 47 años, estaba casado y tenía 3 hijos.

  • José Manuel Olarte (27 de julio de 1994)

La noche del 27 de julio de 1994, Valentín Lasarte se encontró casualmente con el empresario José Manuel Olarte, que cenaba con amigos en un restaurante de San Sebastián. Al reconocerle, acudió a su casa para coger con una pistola y volvió al local para asesinarle a sangre fría y por la espalda. Después, huyó con la ayuda de otro terrorista. Olarte tenía 42 años y estaba soltero.

  • Enrique Nieto (8 de junio de 1995)

En el asesinato del agente del Cuerpo Nacional de Policía Enrique Nieto también participó Francisco Javier García Gaztelu, alias «Txapote», pero el que apretó el gatillo fue Valentín Lasarte. Acompañado por un tercer etarra, Lasarte acudió al domicilio del agente mientras que «Txapote» esperaba en la furgoneta en la que huyeron los tres tras el asesinato. Tras una agonía de más de 4 meses, Nieto falleció el 9 de octubre de 1995. Tenía 46 años, estaba casado y tenía dos hijas.

  • Alfonso Morcillo (15 de diciembre de 1994)

En la mañana del 15 de diciembre de 1994 del policía municipal de San Sebastián Alfonso Morcillo salió de su domicilio para ir a trabajar cuando fue asaltado por dos etarras que le asesinaron a sangre fría. En esta ocasión, Lasarte fue el conductor del vehículo que les trasladó hasta allí que les facilitó la huida. Además, había hecho el seguimiento previo a la víctima. Morcillo tenía 40 años, estaba casado y tenía das hijos.

  • Gregorio Ordóñez (23 de enero de 1995)

El 23 de enero de 1995, Gregorio Ordóñez comía en un restaurante de San Sebastián con varios compañeros del Ayuntamiento, entre ellos María San Gil. Unos meses después, en mayo, se celebrarían las elecciones municipales en las que Ordóñez iba a ser el candidato del PP a la alcaldía de la ciudad. «Txapote», Lasarte y Juan Ramón Carazatorre le asesinaron a bocajarro en presencia de sus colaboradores. El autor material fue «Txapote». Tenía 37 años, estaba casado y tenía un hijo.

  • Mariano de Juan (10 de abril de 1995)

El «modus operandi» elegido por ETA para asesinar al brigada Mariano de Juan fue el mismo que en los casos anteriores: tiro en la nuca. El 10 de abril de 1995, volvía caminando a su casa desde el Centro de Reclutamiento del Acuartelamiento de Loyola cuando un pistolera etarra se bajó de un coche y le pegó un tiro. El conductor del vehículo era Valentín Lasarte. Mariano de Juan tenía 37 años, estaba casado y tenía 2 hijos.

  • Fernando Múgica (febrero de 1996)

Fernando Múgica era el abogado de los empresarios Olarte y Santamaría, ambos asesinados con anterioridad por Valentín Lasarte. El 6 de febrero de 1996, en plena campaña electoral para las generales, se dirigía a un aparcamiento cuando fue asaltado por dos terroristas, que le pegaron un tiro en la nuca. Txapote fue el que disparó, mientras Lasarte encañonaba al hijo de la víctima, que se encaró con los asesinos. Los dos etarras se montaron en el coche que les esperaba y se dieron a la fuga. Tenía 62 años, estaba casado y tenía 3 hijos y un nieto.


Ni olvido, ni perdón

Ni se puede olvidar que un asesino ha asesinado, ni se puede perdonar. No me creo los arrepentimientos de los etarras, más que por el interés de quedar en libertad. Ese es su único fin.

En estos tiempos que corren, tiempos en las que esta sociedad en la que vivimos, se trivializa sobre los asesinatos de ETA, o se convierte a asesinos en héroes, hay que recordar. Y hay que recordar para que no venza esa parte de la sociedad que, evidentemente, está enferma.

Ahora mismo existe un debate en la calle sobre la Prisión Permanente Revisable. Debate en el que una mayor parte de la sociedad quiere, queremos, que esa pena no se derogue y siga vigente. ETA es un motivo más. Asesinos como este no deberían ver nunca la luz del sol, a pesar de lo “arrepentidos” que puedan estar.

Sus víctimas no van a disfrutar nunca de ello. Ni del sol, ni de la libertad, ni de sus familias. Tenerles en la calle es una provocación hacia toda la sociedad, pero especialmente hacia los familiares de los asesinados. Además de una absoluta falta de respeto.


 

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