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Recuerdo con nostalgia las despedidas del año viejo y el recibimiento del nuevo de mi niñez y juventud. Aunque en la actualidad se celebre con fastuosas cenas, cotillones, bailes con ritmos a gusto de los danzantes, la ingesta de chocolate con  churros en la madrugada etc., etc., ya nada es igual.

En los años en que la economía casera no era nada próspera, nos reuníamos los familiares, amigos y vecinos en torno a la radio para escuchar las doce campanadas retransmitidas desde cualquier lugar emblemático de tu lugar de residencia. Y ni qué decir tiene que, al igual que en nuestros días, que comenzabas a comerte las uvas en los cuartos y al final a algunos nos faltaban o sobraban las dichosas uvas, por no mencionar a los que se atragantaban con el fruto.

A decir verdad, en los tiempos que corren muchos tenemos la posibilidad de recibir a la nueva añada en un lugar con amigos a base de bien, como decimos en mi bendita tierra, Las Palmas de Gran Canaria. Elegimos el lugar, según posibilidades y planificación, y he ahí que le puede suceder infinidad de problemas. Para ello escojamos, imaginariamente, a la pareja “A”. Esta elije, por recomendación de unos amigos, un restaurante. Los informantes le han dicho que el lugar está muy bien y a un precio muy económico. Estos aceptan, y llegado el deseado día se encontraron con lo siguiente:



  1. Las mesas eran comunitarias y a sus amigos los habían ubicado en otra mesa y les tocó enfrente a un/a desconocido/a.
  2. Comenzando por el aperitivo, continuando con el plato principal y el postre, todo de baja calidad y exiguo, al margen del vino de poca calidad.
  3. Con la bolsa cotillón se encontraron con que , entre otras cosas, la trompeta no funcionaba, la peluca venía deteriorada y el elástico de la careta, además de rota, más pequeño que el orificio donde tiene que ir atado.
  4. En el tema del baile, donde dije digo, quise decir Diego. O sea, que se puede encontrar con un grupo que quiere hacer uso del karaoke, y ahí ya se formó la mezcla de desafine vocal con la música del “chimpún, chimpún”, que al final decidieron irse para su casa y poner RTVE.
  5. Y, para finalizar, la guinda del pastel: Un empleado comienza a manipular la TV para sintonizar el canal “X” para ver en directo las doce campanadas y no lo consigue. Tras varios minutos zapeando, en una de las intentonas lo logra y acierta con Tele 5, cuando sonaba la quinta campanada. Es decir, que sólo ingirieron siete uvas en vez de las doce reglamentarias. Y para rematar, se tuvieron que tragar la idiotez de un afamado presentador de la referida cadena bajándose los pantalones.

¡Dónde iremos a parar! Así que, antes de decidir pasar la noche vieja fuera de casa, sopese muy bien la calidad precio y el lugar, porque la despedida de ese año no volverá a repetirse.

 


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1 Comentario

  1. Pues si mejor en casa..pues en la calle esas fechas suben los precios de todo..y encima te atienden peor los camareros..al estar saturados de trabajo..

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