anoche
Imagen: pixabay.com

Era más o menos muy entrada, demasiada entrada la madrugada.  Eran las cinco más o menos cuando me  acosté  pero no pude dormirme. No estaba borracho, o como se dice ahora achispado,  ni mucho menos fatigado del trasiego de la noche de jolgorio, de la noche de fin de año. Nos juntamos toda mi familia,  familia directa del mismo tronco y de la misma rama y como me dice una de mis hijas, presumidas mucho por mí. Anoche fue una de esas noches infatigables, agradables y bonitas para el recuerdo,  imposible de arrinconar en el olvido. Repasé hasta donde me alcanzaba la evocación y nostalgia de ese diccionario de las noches  andadas hacía la venida de un nuevo año.  La realidad de estos esto es que, cuando me creía que estaba dormido—no estaba seguro—no acertaba si era sueño o realidad, lo que entraba en mi inconsciente  esa inseguridad que a veces nos pasa  a los mortales cuando estamos en trance de dormirnos y a las pocas horas de este  espejismo o ambiente en el que me encontraba.

Cuando estaba llegando a esa morada ajardinada, desde la puerta de entrada a la gran mansión toda ella estaba llena de flores  de mil colores y estilos. Toda la servidumbre vestía uniformada, sus caras eran alegres, parecían que era ficticia o al menos a mí este juicio para mí era disimulado al parecer por  los criados. No atinaba a conocer la música que acaba de tañer por todo aquel recinto lleno de coquetas flores, pero algo decía que atinaba a empezar a conocer aquél recinto. Mi  admiración sobre aquél ambiente, me vino a mi niñez que yo ya lo había visto en cierta  ocasión, eso sí, algo lejano a pesar de mis largos años. Aquellas personas que me acompañaron a la entrada de aquella casa, me vino otra vez a la memoria algo más preciso que en  aquella  estancia  había estado yo anteriormente.

De vez en cuando me velaba el sueño con un ligero tapiz, que no atinaba ver lo que tenía delante de mis ojos. También se mezclaba con todo aquél ambiente, la   música navideña de aquella noche. No sé porque siempre me ha  gustado la navidad, la venida del niño Dios. Todo el boato y la grandeza de esta conmemoración y todo el fervor con su parafernalia   que engendra estos recuerdos se iban borrando, y aquel tamiz que no me dejaba ver la realidad, empezaba ahora  a entender lo que me estaba pasando, o al menos esto es lo que cría. Una vez delante de aquél dueño y señor de aquella morada, aprecié una voz detrás de mí que decía: aquí en este lugar hay que venir más preparado y con los deberes hechos. No sé si fue un  sueño o realidad lo de esa noche. Pero ahora cuando transcribo algunas cosas que me pasaron entre sombras, atisbo a ver la claridad de estos hechos. Nuestro caminar poco a poco  se va acortando con el tiempo. Durante un tiempo aquél reflejo cual señal inequívoca de un rechazo que gobernara mi atormentado sueño me hizo suponer que tal vez mañana al despertar, poderes sobrenaturales me hubiera trasladado por no sé  qué Creador al espacio que me correspondiera, al verdadero universo preparado para mi vida pues en éste  supuse que no tenía cabida.   Aunque  anoche me acosté y no puede dormir, ya se ve, lo estoy contando. Feliz año nuevo a todos.

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