Conozco una tierra, llena de tristeza
y un barco sin velas, presto a naufragar,
y un viejo sin alma, que gime y que reza

y un ciego sin ojos de tanto llorar.
Y a un niño que absorbe la sopa en el plato
y a madres que sufren al verle ensuciar
y he visto, no crean, besar su retrato
a un tipo pacato gozando a rabiar.
Y a curas y frailes, y a pares, a monjas
subiendo a un estrado y allí predicar,
decirle a los fieles bonitas lisonjas,
con ellos a coro ponerse a cantar.
Y he visto, no piensen que lo haya soñado,
que yo por el día no suelo soñar,
a un pobre indigente sufrir despreciado
besando al sujeto y subirse a su altar.
A burros roznando leyendo poemas
de Lorca o Machado, quizá Baudelaire,
y a heces suturando por sucios eccemas,
y a dios repicando muertos de placer.
Y he visto a fantasmas jugando a ser hombres
buscando en las fuentes su signo al nacer
y a otros descontentos cambiando sus nombres
rumiando en silencio sin saber qué hacer.
Y así que haya alguno que a mi no me crea
-me duele en el alma decir que no he visto-
el que a mi me hizo quien quiera que sea
ya fuera Mahoma, ni a Buda ni a Cristo.

 

©donaciano bueno
(… y sus poemas de medio pelo)
http://www.donacianobueno.com