No sé lo que puede pasar por la cabeza de Pedro Sánchez, pero me da que tiene alguna atrofia visceral que le impide ser ecuánime, cualidad imprescindible que debe adornar a cualquier aspirante a político creíble. A Sánchez, al parecer, le pirran algunos muertos mientras que -con la misma o mayor fuerza- desprecia olímpicamente a otros.

Todos sabemos que las guerras civiles (y España no es ninguna excepción) acarrean muchos damnificados de las partes contendientes. Y todos esos damnificados, a mi modo de ver, deben de tener la misma consideración a los ojos de todos los políticos del país en donde se haya producido esa contienda. Y mucho más, si esa desgraciada confrontación, hace ya casi ochenta años que terminó.



Pues el Sr. Sánchez, activo continuador de la memoria histórica iniciada por su admirado Zapatero, no piensa así. Él vuelve a intentar reverdecer aquellos acontecimientos tan tristes. Y se presenta ahora como un justiciero, refiriéndose a hechos ciertos, pero no a todos. Habla de los muertos de aquí o allá, pero partiendo de “su verdad”; es decir, de los “caídos” entre las izquierdas. Sr. Sánchez, no sea usted tan poco honrado.

En toda España, además de los muertos que usted reivindica, hubo una gran persecución y muerte de miles de inocentes por ser de derechas y también miles de religiosos por su defender su fe. Y la mayoría murieron perdonando a sus asesinos. Los españoles, en su día, pasaron página para vivir en paz. ¿Porque viene usted ahora a reverdecer estos lamentables sucesos? ¿Es que quiere ponerse a la altura de los más radicales? Únase al club de políticos que lo único que les interesa (porque -además- es su obligación) es trabajar por el bienestar de todos los españoles. España se lo agradecerá.

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