Me voy a referir a dos cuestiones que, inundan literalmente las distintas televisiones y que, a mi parecer, suponen un exceso. Una es la sobreabundancia de la información sobre el tiempo y la otra el rebosamiento de los programas de cocina. No creo, sin embargo, que sean cuestiones prescindibles, pero habría que dotarlas de más racionalidad. Las pruebas que he realizado al respecto, obedecen principalmente al mucho tiempo que tengo disponible, en relación con mi vida agitada de años atrás, y me han hecho documentarme para emitir este veredicto de andar por casa.



En cuanto al tiempo, echo de menos los tiempos de Mariano Medina, tan conciso y prudente como nuestro actual Mariano, que en poco más de dos minutos, a mediodía y otros dos por la noche nos decía en definitiva lo mismo que ahora. Porque ahora unos y otras nos ahogan entre isobaras, isotermas, dirección y fuerza del viento, milibares, frentes fríos, cálidos, ocluidos y estacionarios, diversos mapas con borrascas, anticiclones y mil zarandajas que nos vuelven tarumbas.

En cuanto a la cocina, sigue la misma matraca que con el tiempo. Todos los días en todas las emisoras nos explican la tortilla de patatas, sin patatas, con fusión de sabores, texturas, tecnologías alimentarias, a base de gotas congeladas de frutas, o de construcciones, deconstrucciones etc. etc.

Creo que todas estas presentaciones excesivas y lujosas en cierto modo, chocan con lo que debe ser la satisfacción de una de las necesidades primarias del hombre. Máxime, habiendo tanta hambre en el mundo. Fijémonos sino en la recogida de alimentos que se hacen estos días para aliviar a muchos que se escandalizarán al ver transformada una necesidad en el mayor lujo. Para concluir les traslado lo que leí en la pizarra de un bar de Madrid: “hamburguesas esferificadas en su cuna de guiso y chips de patata”. Me acordé de mi abuelo materno y dije para mí: ¡¡¡paparruchas!!!