Hoy me siento” la mar de agusto” con la justicia española y, particularmente, con el magistrado Llarena por la decisión tan oportuna que ha tomado para que, valga la redundancia, no nos tome el pelo la justicia belga. ¡Olé, Sr. magistrado! Porque, de un solo plumazo ha resuelto usted una situación bastante complicada al retirar las órdenes europeas de detención y entrega que había cursadas contra el torpe Puigdemont y los otros cuatro torpes fugados con él.

Ya se sabe lo que dice el refrán: “Un tonto hace ciento si le dan lugar y tiempo”. El magistrado, ha dado una gran bofetada, sin manos, a quienes en Bélgica querían enquistar este asunto de por vida. Les ha dicho literalmente que muchas gracias por su “inestimable” colaboración con la justicia española. Que no queremos que nos ayuden más los jueces y fiscales belgas.



Que se queden allí, con sus “buenas” intenciones. ¡De verdad! Ni tampoco que nos califiquen a estos delincuentes como Hermanitas de la Caridad porque los delitos cometidos son gravísimos en todo el mundo menos en Bélgica. Déjennos a nosotros con nuestras leyes, porque -con ellas- Puigdemont y los otros cuatro golpistas fugados, tendrán asegurada la justicia más acorde con su comportamiento delictivo.

Y si estos cobardes fugados, se quieren quedar con sus abogados de terroristas y demás “gente de bien”, ¡que lo hagan! Y sigan gastando los cuartos robados al Estado Español; pero ya se les acabo el cuento y la coartada. Ahora. o errantes por el mundo el resto de sus vidas o a ingresar en chirona una larga temporada. Y ¡menos mal! porque nuestras cárceles son infinitamente mejores que las que hay en muchas partes del mundo y -por supuesto- en que en la “acogedora” Bélgica.

Lea también:

Mega-zasca del juez Llarena a Puigdemont

- Publicidad -

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here