Tuit sobre la niña del colegio de San Ildefonso (Twitter)

Un rasgo físico de una niña del Colegio de San Ildefonso que cantaba la lotería el pasado 22 de Diciembre provocó de nuevo que los estúpidos volvieran a campar a sus anchas por redes sociales. Esta vez a costa de una niña. Y ese rasgo físico era de lo más normal, tenía el pelo corto, cortado a lo chico. Como a esa masa aborregada y estúpida lo único que le interesa es quedar bien para ganar seguidores subiéndose a la ola que más venda, sacaron una conclusión propia de su escaso cerebro y sus alargados dedos: Era una niña transexual.

Ni cortos, ni perezosos, empezaron a publicar su libre y ridícula conclusión, propia de gente sin cerebro con un único afán, conseguir su minuto de gloria a base de “retuits” o de “me gusta”. Sin tener ningún tipo de información al respecto y olvidando que hablaban de una menor, de una niña, comenzaron a “alabar su valentía por ser transexual y hacerla pública de esa manera”. Y nada más lejos de la realidad, retrasados mentales, ella es una niña normal y corriente, una niña a la que le gusta llevar el pelo corto, como se dice vulgarmente: “a lo chico”.



Ahora, y según publican diversos medios, la niña no quiere volver al colegio porque teme que se rían de ella y los padres van a tomar “cartas en el asunto” para que se haga “justicia” y ya han puesto todos esos “tuits” y “estados de Facebook” en manos de su abogado para que tome las medidas pertinentes.

Todas estas conclusiones de auténticos imbéciles con “conexión wifi” provocaron debates encontrados, con la niña como protagonista, ¡una menor! Unos a favor y otros en contra y criticando duramente a sus padres “por su permisividad con la niña”.

Que las conclusiones de cuatro “amebas” con acceso a redes sociales estén causando este daño a una menor y a una familia no tiene perdón de Dios. La Justicia debería tomar cartas en el asunto, no solo haciéndoles pagar de la forma más dura posible sus comentarios absurdos, carentes de fundamente y ofensivos. La Justicia debería prohibir de por vida que gente como esa tuviera acceso a redes sociales y que pudiera expresar unas ideas más propias de un gusano, que de una persona.



A un menor las palabras le pueden causar más daño del que podamos imaginar, también a su familia. Que una niña sufra de esta manera por cuatro desconocidos sin una sola neurona solo puede tener una consecuencia, que los culpables paguen con un castigo ejemplar su estupidez.

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