Logo de Mirinda (Pinterest)

Acabo de pasar por delante de un gran centro comercial de ropa de deportes y por el aspecto del aparcamiento parecía que los productos los regalaban. Creo que no habría cabido ni un “600” puesto de canto. La gente salía tan cargada de bolsas que parecía que la crisis por la que estamos pasando es una película de ciencia ficción.

No hay más que observar las calles de nuestras ciudades o las carreteras para darnos cuenta que la gente viste con ropa que para sí quisiera un atleta olímpico, solo para hacer deporte de vez en cuando. Si mañana les llamara cualquier seleccionador nacional de atletismo o de ciclismo, la ropa se la podrían proporcionar ellos al equipo. Es evidente, el deporte está de moda y por moda se practica más que por necesidad, bajo mi punto de vista.

Los corredores, que no “runners”, recién iniciados siempre te cuentan aquello de que “lo que cuesta son los primeros días, después correr se convierte en una necesidad”. Yo, que me creo casi todo, hago un acto de fe y también les creo, pero nunca se me ha ocurrido probar la veracidad de tal afirmación puesto que correr no me gusta y me aburre soberanamente y si lo hiciera haría el ridículo con mis pintas “atléticas” y mi ropa deportiva, que debe ser de finales del siglo pasado.

Para una persona como yo, que practicaba deporte con camisetas de “Mirinda” y con zapatillas “Paredes”, no entra en la cabeza la moda de seguir la moda, también para practicar deporte. Detesto las modas, no me gusta nada lo de “eso se lleva o no se lleva” y todo eso consigue en mi el efecto contrario, que lo mire con recelo.

Tengo la sensación de que en con el deporte está pasando como con la mayoría de las cosas, en esta sociedad plagada de “seguidistas”. Lo que haga el vecino lo tengo que hacer yo porque sí, aunque en principio no me apetezca. Si nos paramos a pensar por un minuto todos los movimientos de esta sociedad se basan en lo que haga la mayoría. Me recuerda a aquello de “donde va Vicente es donde va la gente”.