códigos
Imagen: pixabay.com

Ante todo, quiero afirmar que no soy un crítico a ultranza de nada que sea razonable. Pero hay veces que no puedo reprimir mis críticas por las grandes naderías que se quieren elevar a los “laicos altares” de una democracia entontecida.

Traigo esto a colación, al enterarme del acuerdo unánime que ha tomado nuestro Congreso de los Diputados, para modificar el vigente Código Civil, ese que tanto ama mi admirado y querido amigo y paisano, catedrático eminente de tan importante disciplina, el Dr. José Manuel González Porras, ya jubilado como el que suscribe.

Y, además del Código Civil, la Ley Hipotecaria “para impedir que se extienda la hipoteca a los animales” y la Ley de Enjuiciamiento Civil, “para declarar inembargables a los animales”. Yo creo que, antes de emprender la reforma de códigos y leyes, habría que meditar seriamente si es necesaria. Porque -ni unos ni otras- deben estar al pairo de vaivenes políticos ni entrar en detalles sin cuento. En esencia esta modificación está pensada, según dicen, “para cambiar la consideración legal de los animales como cosas”.

Bien está ¿pero es necesario? Pienso que no. Sin la reforma ¿quedarán sin protección los animales? Tampoco. Porque existen normas de menor rango que pueden resolver los supuestos problemas que ahora puedan existir, sin tocar códigos ni leyes. Y porque, a las alturas de la historia en que nos encontramos, yo creo que hay conciencia cívica suficiente, para tratar bien a los animales, incluso más que a los niños destinados al crimen del aborto. Y en el supuesto de que esta propuesta se apruebe ¿las víboras y las cucarachas, ¿tendrían la misma consideración, a pesar de su peligrosidad o repudio?