Pan (Foto PIXABAY)

Me encanta el pan de panadería, el de toda la vida, pero de ese pan cada vez hay menos. Cada vez son más las barras congeladas que llegan al Mercadona o supermercado de turno y son hechas en el horno del propio supermercado, por lo que ese pan ya no sabe igual.

Cada vez que se vacía la balda de las barras, las barras artesanas o del pan gallego, allá que va raudo y veloz el empleado de turno a “fabricar” otros cientos de panes distintos para que no falte de nada en las estanterías. Nunca, hasta ahora, habría podido imaginar que pudieran existir tantos tipos de panes y con tantas denominaciones distintas.

Entonces, cuando esas estanterías están llenas, llega el espectáculo asqueroso y bochornoso con el que muchos nos encontramos al ir al comprar nuestro pan: los maleducados que para comprar una barra cogen treinta y las aplastan con sus dedos como si no hubiera un mañana. Cogen una, la aplastan y la dejan hasta coger la siguiente y volver a hacer lo mismo.

El otro día, ante semejante espectáculo y estando en presencia de la mayor “aplastadora de barras de España y parte del extranjero”, no pude contenerme: “Señora, intente no dejarse ninguna sin aplastar, creo que le quedan todavía unas cincuenta o sesenta”. La señora me miró sorprendida, quizás porque estaba dudando si hacerme caso o volver a rascarse el pelo con la misma mano que aplastaba el pan de una forma tan compulsiva. Pero aún así no se debió dar por aludida, puesto que todavía aplastó dos más, dejando una de ellas en la estantería que, por supuesto, no era la que correspondía a ese tipo de pan.

Gente que después irá de educada por la vida y de “vende consejos”, gente de la que habría que saber qué hacen cuando nadie les ve, porque miedo da lo que hacen a la vista de todo el mundo. Gente a la que adorará su familia, pero que poco parecen haberles querido en la vida puesto que no les han enseñado las más mínimas normas de educación. Gente no, gentuza a la que no le importa lo más mínimo que otros se vayan a meter en el estómago parte de sus huellas dactilares.

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