batalla electoral
Imagen: pixabay.com

Como no podía ser de otro modo,  a raíz de las elecciones en Cataluña, el entorno preelectoral catalán  está en un estado de efervescencia popular que, por causas lógicas,  transmite las mismas condiciones a la sociedad política española en general. Las emotividades dispares y los cálculos matemáticos están a la orden del día.

La etapa de propaganda y campaña previa a las elecciones requiere una preparación seria y no todos los candidatos que se presentan el 21-D  demuestran que la tuvieron. Por ejemplo, miembros de la organización de la CUP  desempeñan un rol  que es producto de la combinación de la decadencia política, de la histeria personal y del montaje circense del altermundialismo. Sólo sirven para la dinámica de la destrucción de todo lo sensato y  lo necesario civilizatorio, para expandir la  confusión y para la  funcionalidad de aquellos que sí saben cómo construir – y mantener-  el poder propiamente dicho. La base de los votantes cuperos, al cierre de la campaña de la CUP, prosiguieron en la retórica que insta a arar en el mar. Pero algunos actores político-electorales se diferencian de los altermundialistas catalanes, ya que lanzaron  la campaña preelectoral mucho antes, incluso, del 1-O y del 27-O, ya que sabían que en este tiempo era imposible el desmembramiento territorial y político-jurídico de Cataluña y que las elecciones del 21-D estaban en la Hoja de Ruta de algunas piezas de poder doméstico.

Uno de esos jugadores clave es la formación Ciudadanos, la que cuenta con un relevante apoyo de las  fuerzas globalistas. Su crecimiento en la confianza ciudadana de toda España fue simultáneo  al empeoramiento del conflicto catalán, elevándose como baluarte principal del unionismo y el constitucionalismo en la región. Ciudadanos es junto a su líder, Albert Rivera, una posible pieza de recambio sistémico ante la aceleración de la crisis de representatividad política que tiene como principal  víctima, si cabe el término, al PP.
Tras la finalización de los comicios, el independentismo  en conjunto expondrá que decreció en lo cuantitativo electoral por más que obtenga 66/68 escaños. La reducción de la confianza pública para el independentismo tiene que ver con que esa plataforma nunca fue mayoría hegemónica  en los genuinos habitantes de Cataluña y por el deterioro de la vida en general a causa del juego independentista.

En esa misma compulsa electoral, Ciudadanos tiene la factibilidad de posicionarse primero en términos de captación de votos, aunque finalice segundo en cuanto a la obtención de escaños del Parlamento. Pero si llegase a ocurrir que ERC –ayudado por más del 23 % de votos del universo Millennials- saque más sufragios que Ciudadanos, ello no afectará el ascenso de la organización de Rivera, ya que  sumará más lugares en el recinto legislativo que en el 2015,  superando la cantidad de escaños del PSC y del PP. Ello transformaría a Ciudadanos en el principal partido unionista de la región, mantendría reales posibilidades de ser gobierno en Cataluña –situación que por cierto no le resultaría fácil- y le otorgaría mayor propulsión en la esfera nacional para acceder a la Moncloa. Sería, mejor dicho, ES  un negocio redondo para Rivera, lo que alegraría a sus promotores clánicos del  Imperialismo Internacional del Dinero.

En junio 2017, anotamos : “Al Rivera hiperglobalista le hicieron entender y aceptar cómo funciona realmente el mundo y que para llegar a ocupar la presidencia del gobierno español, vasallo de la Plutocracia Internacional, debe tener la aquiescencia de los Propietarios y Arquitectos del Poder Global del Dinero. Por ello, acude a la reunión 2017 de Bilderberg realizado en Chantilly, Virginia EE.UU. para ser examinado y obtener el respaldo unánime de los jerarcas de la globalización. Pero el estar presente en el Club no necesariamente significa que Albert Rivera sea ya el ungido. Dependerá de él poder demostrar capacidad personal de liderazgo político, eficiencia en la aplicación de las medidas a adoptar dadas por la Sinarquía Internacional y obstrucción eficaz del disenso.”1
Por lo que Rivera, en una nota de opinión, mejor dicho en una ventana de autoventa de su figura política, publicada a inicios del presente mes  en el  globalista New York Times, comentó: “No es trivial que un catalán como yo tenga el honor de ser candidato a la presidencia del gobierno de España, en contraste con la caricatura franquista y represiva que los separatistas intentan vender de España.

Ahora somos el principal partido de oposición en Cataluña, así como un partido nacional y europeo que aspira a gobernar España.

Al igual que un gran número de los españoles, la mayoría de los catalanes desean participar en un proyecto común a favor del futuro de España. No puedo resignarme a ver una Cataluña aislada en un mundo globalizado y tampoco puedo resignarme a ver más fronteras en la era de las sociedades abiertas.”2


Si bien lo dijimos otras veces, insistimos una vez más,  que la crisis catalana –con la participación de múltiples actores- sirve principalmente para incapacitar un poco más el poderío español y  profundizar su inserción en las estructuras mundialistas. Ello generó en el plano político-electoral condiciones favorables para potenciar el desarrollo y la influencia de activos como Rivera/Ciudadanos, pero  como apuntamos en el 2016, “Es una opción destacada que el Sistema Globalista eligió para hacerla competir en España, junto a las otras opciones, con reales posibilidades de gobierno/gerencia. Nos referimos al duopolio PP-PSOE.

Lo que realmente pensaron los think tanks atlantistas para AR y C’s y el rol primordial que le asignaron lo veremos pronto.”3

Notas:
1-https://www.geopolitica.ru/es/article/bilderberg-espana-y-albert-rivera
2-https://www.nytimes.com/es/2017/12/05/albert-rivera-los-catalanes-debemos-darle-una-explicacion-al-mundo/
3-https://www.geopolitica.ru/es/article/albert-rivera-un-politico-del-atlantismo

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