Cava (Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=661860)

No pretendo meter en el mismo saco a todas las empresas catalanas que, debido al golpe de estado que se ha producido en Cataluña, se han visto afectadas en sus ventas en el resto de España. Pero me gustaría dejar claro a muchas de ellas que los consumidores españoles no somos tontos. Sabemos que muchas de ellas, hasta ahora, han apoyado de una forma más o menos directa al separatismo financiándolo y dando su apoyo explicito.

Ahora, y tras ver que el asunto de la “república independiente” se les ha ido de las manos, reculan e intentan dar marcha atrás despavoridas ante su terrible caída de ventas. Esa es una decisión lógica, hipócrita pero lógica, aunque deben asumir las consecuencias de sus propios actos. Lo que desde luego no estoy dispuesto a admitir en mi casa es el intervencionismo que, para evitar esa caída de ventas, pretende hacer el estado perjudicando a empresas del resto de España para beneficiarlas a ellas, a las catalanas.

Eso es lo que, bajo mi punto de vista, está sucediendo con el asunto del cava. No es admisible que el estado intente evitar esa caída de ventas, perjudicando a sus competidores de otras regiones de España. Y eso es lo que pretenden hacer desde el Ministerio de Agricultura restringiendo la utilización de nuevas hectáreas para producir cava extremeño en 2018, 2019 y 2020, hacer intervencionismo puro y duro para beneficiar al cava catalán.

Esto debería ser un libre mercado y que fuera el consumidor quien tomara la decisión libre e individual de gastar su dinero en lo que quisiera. Ninguno de nosotros, como consumidores, tenemos la obligación de consumir a nadie en concreto y mucho menos, si para fomentar ese consumo se intenta beneficiar a otros de una forma tan descarada como esta. Por lo tanto yo, no solo voy a firmar la propuesta del Club de los Viernes en change.org para evitar que se cometa esta injusticia con el cava extremeño, también voy a hacerlo de una forma efectiva consumiendo cualquier cava, excepto el que ahora intentan obligarme a consumir, que no es otro que el catalán.