Slobodan Praljak se suicida ante el Tribunal de La Haya

Cuando ves a un ex-general Bosniocroata, como Slobodan Praljak, tomar un frasco de veneno y suicidarse ante la mirada perpleja del juez del Tribunal de la Haya, no solo queda en la memoria la imagen, también sus últimas palabras. “Praljak no es un criminal”, esas fueron sus últimas palabras antes de su suicidio, tras beber de su frasco de venero.

¿Qué pensar después? ¿Lo ha hecho por su inocencia o por su culpabilidad? ¿Quizás porque nunca se ha sentido culpable por lo que ha hecho, o porque se ha sentido demasiado culpable? Él no da un grito y posteriormente un puñetazo en la mesa, como hacían los etarras en sus juicios. Él ha clamado por su inocencia y posteriormente se ha suicidado, tras escuchar que se le condenaba a 20 años de cárcel. Puede que este acto lo haya cometido con la misma frialdad con la que cometía sus ejecuciones, quién sabe.

Yo recuerdo aquella guerra que se produjo en los Balcanes entre 1992 y 1995. También las atrocidades cometidas por uno y otro bando y que vimos por televisión. O cómo las personas cruzaban las calles corriendo para evitar a los francotiradores. También las muertes, recuerdo las injusticias, recuerdo que a todos se nos ponía la piel de gallina viendo todo aquello.

Puede que el suicidio de hoy de Praljak fuera el último capítulo que nos quedara por ver, para que lo que vimos por televisión entonces volviera hoy a nuestra memoria. Fueron terribles las imágenes que nos dejó aquella guerra, esta es otra más. ¿Será la última?

Quizás no, quizás nos quede algo más por ver como consecuencia de una de las guerras más terribles de los últimos años. Puede que tengamos la suerte de que esto sea lo último, ojalá. No es nada agradable tener que recordar momentos como aquellos, menos con imágenes como estas.