Bien es cierto, que los tiempos cambian que es una barbaridad, como diría Don Hilarión en la popular zarzuela “La verbena de la Paloma”. Como cierto es también, que, hoy como ayer, los lobos siguen vistiéndose con pieles de cordero, para seguir sus presas.

Cuando hablo de los hijos de Putin, como es natural, estoy empleando el término hijo, no como el de la persona o animal, respecto de sus padres, sino en un sentido más amplio y coloquial como el retoño de un árbol, o el resultado de una obra -mala o buena- producida por una persona o una institución. Es bajo esta última forma como he concebido el título de este escrito. Porque, además, no creo que la personal capacidad reproductiva de Putin sea tan prolífica, ni de tanto alcance.
 Dicho lo anterior, y pasando de la pretendida chanza, veo que nada cambia en los planes del más rancio e injusto sistema político que representa aún la nación rusa y sus dirigentes. No quiero hacer (porque todo el mundo lo sabe) una exhaustiva referencia de todos los sucios procedimientos, vía informática, que esos “angelitos” vienen empleando últimamente en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, y donde convenga, con la repugnante misión de desestabilizarnos para sacar provecho propio. Un maniqueísmo de desinformación, con filosofía marxista, que a la altura que estamos de la Historia, sigue manchando la humanidad. Y muy especialmente protagonizado por los hijos de Putin. Hay que estar, pues, muy alerta, porque, hoy, la comunicación puede ser más mortífera, en términos de estabilidad, que cualquier guerra convencional.