En el ABC del domingo 26 de noviembre, dentro de “El batallón de los perplejos” que escribe Álvaro Martínez, leo un artículo titulado “No se salva ni Dios”.

Tras la lectura del mismo, quedé realmente perplejo por lo sucedido en un colegio católico de Lérida regentado por capuchinos. Los responsables de dicho colegio han decidido, por su cuenta y riesgo, suspender el belén viviente y el concierto de villancicos porque (literalmente) creen que este año en Navidad “no hay nada que celebrar”, porque “tenemos gente en prisión” y por la situación política que viven el país y la escuela catalana”.

Pues señores responsables de esta decisión: Van a permitirme que un andaluz como yo, que no tiene pedigrí asimilado a catalán y que no habla catalán sino español que es el idioma oficial de España (y todos los españoles tienen el deber de conocerlo) les recuerde lo que sin duda han olvidado o, algo quizá peor, no le den la importancia que tiene. La Navidad es el acontecimiento más importante del año porque se conmemora el nacimiento de nuestro Redentor y nadie, y mucho menos unos religiosos, puede poner límites a esa celebración.

Además, lo que sucede en Cataluña es por culpa de una minoría de catalanes (algunos en prisión provisional) que han delinquido y están sometidos a la Justicia. ¿Se atreverían a suspender la Navidad por tanta pobreza que hay en el mundo? ¿O por tantísimas injusticias de todo orden que suceden? Lo que son ustedes, se lo voy a decir yo desde Córdoba: Unos incrédulos separatistas, alejados de toda racionalidad, que están maleducando a sus alumnos y politizando la religión católica. Pues yo, aunque sea sin ustedes, grito con toda mi fuerza ¡¡Viva la Navidad!!!