Lo que se está haciendo con los abuelos por parte de quienes lo permiten y de quienes lo ejecutan es un crimen contra la humanidad que denuncio desde estas líneas.

Monti.- La evidencia es aplastante: los golpistas han llevado a cabo el delirante esperpento del golpe de Estado porque se lo han permitido. La prueba es que los están juzgando por ello. Somos el único país europeo moderno donde ha ocurrido algo tan grave sin ser la única nación con el cáncer del independentismo en su mochila. Sin embargo, ningún otro Estado ha caído en la cobardía de no atajarlo de raíz. En vergonzoso contraste, diferentes gobiernos españoles no solo permitieron la deslealtad a España, sino que cebaron con dinero de todos los españoles a los traidores. Cabe decir que todos compartimos cierta responsabilidad en permitir la traición de unos gobiernos que dejaron solos a los españoles en Cataluña ante un poder totalitario atroz; un poder que robó todas las libertades al pueblo de Cataluña y convirtió en religión integrista al separatismo en todos los ámbitos sociales y económicos de poder. Se veía venir y nadie les plantó cara.

 

 No vamos a mencionar la luctuosa lista de consecuencias del clímax de ese largo proceso de treinta años: tan solo apuntaremos el último ejemplo. La esperada llegada de la Agencia Europea del Medicamento no ubicará su nueva sede en Barcelona. Con ello hemos perdido para España 322 millones de euros, una plantilla de 890 eurofuncionarios y la visita anual de 36 000 expertos. Y la factura no termina aquí: el desastre de empresas fugadas de Cataluña incrementará si los golpistas vuelven a ganar las elecciones. Y no las ganarán por número de votos sino por unas elecciones basada en un sistema corrupto de reparto proporcional donde no se respeta el juego democrático de las mayorías y minorías de votos e incluso se permiten ciertos juegos trileros como el que nos obsequió la constitución del tripartito. Sea como fuere, jamás hemos tenido en Cataluña unas elecciones democráticas aunque fuesen legales. Nunca hemos tenido representantes del pueblo para el pueblo.

No es necesario incidir en la inevitable pobreza moral y financiera junto a la corrupción institucionalizada que los independentistas y el sistema proporcional nos ha traído a todos. Vamos a centrarnos en algo que nadie ha mencionado todavía porque no se recogen sus voces: son los gritos del silencio de aquellos que lloran sin tener voz ni en los medios ni para los políticos: se trata del drama social que ha provocado en los abuelos la locura independentista… El drama de los olvidados. De los que ya no cuentan.

Son los abuelos que aportaron todo su esfuerzo y levantaron Cataluña sudando sangre, sudor y lágrimas. Son los abuelos que se vieron obligados a trasladarse a esa región de España gracias a la protección franquista que disfrutó su industria y alta burguesía catalana. De haber ubicado Franco la SEAT, digamos, en Sevilla, Cáceres o Lugo, por poner ejemplos; la historia hubiera sido distinta. El caso es que aquellos jóvenes o sus descendientes se viron en la necesidad de trasladarse a otra región de España en busca de mejores condiciones de vida para su familia.

Y tras el esfuerzo la recompensa: la primera preocupación de quienes se fueron a trabajar a Cataluña (me niego a llamarle emigrantes, como los denominan en Cataluña) viene del enorme peligro que están sufriendo en sus pensiones por la inseguridad que implicaría para ellos la separación de Cataluña del resto de España. Los motivos de esta insegurdad económica son tan obvios que no es necesario mencionarlos. La segunda causa de angustia viene dada por los recortes en sanidad en esos momentos tan frágiles de su vida. Recortes cortesía del dinero derrochado en corrupción y el procés; que todo es uno. Incluso les han robado el dinero de las ayudas a la dependencia reduciendo drásticamente las cantidades. Mientras, no han faltado suculentas subvenciones destinadas a las asociaciones civiles golpistas catalanas, verdaderos trampolines y organizadores de masivas movilizaciones y fastos en el procés; o subvenciones destinadas a mantener disparatadas embajadas en los lugares más caros y lujosos. No se han privado de nada privando de todo al pueblo. Y continuarán haciendo lo mismo. Si esto lo hacen ahora, imaginad el panorama cuando tuviesen el poder absoluto sin ninguna brida que los frenase.

El caso es que esa etapa en la que se debería disfrutar de una bien merecida tranquilidad, después de una vida de duro trabajo, la vejez se ha convertido en una época de angustia y zozobra en Cataluña. Los abuelos tienen miedo por el fanatismo al que ha llegado el nacionalismo. Por las conversaciones que he mantenido con los pensionistas y son muchos; todos; y señalo todos, me afirman que se irían fuera de Cataluña a sus pueblos sin dudarlo para acabar sus días con más tranquilidad. Lo que se está haciendo con ellos por parte de quienes lo permiten y de quienes lo ejecutan es un crimen contra la humanidad que denuncio desde estas líneas. La cobardía del gobierno a la hora de aplicar el 155 y no haber declarado ya fuera de la Ley a todo partido y asociación cultural que haya querido romper y traicionar a España solo hace que perpetuar la incertidumbre ante un futuro que se perfila muy negro. Me dicen los abuelos que saben que con Rajoy todo seguirá igual y los sedicionistas continuarán recibiendo dinero y conspirando. Secando la última gota riqueza que quede… Robándoles.

Entonces, ¿cuál es el motivo por el que no se marchan de Cataluña, de ese horror? ¿Qué les ata a seguir viviendo en un lugar donde la ausencia de libertad y el peligro de su supervivencia es manifiesto y evidente?

Pues lo que les ata son las circunstancias y el amor: el amor por los nietos. Un amor que los ata a Cataluña con más fuerza que unas cadenas. Son conscientes de que cuidando a los nietos ellos forman una parte vital de la supervivencia económica familiar de sus hijos. Y porque los tienen que cuidar mientras los padres están trabajando no pueden irse de Cataluña y se ven obligados a permanecer en esta situación tan insegura y angustiosa: al fin y al cabo, ellos ya tienen todo el pescado vendido y han luchado bastante en la vida. Volver al pueblo que se vieron obligados a abandonar en tiempos de Franco sería para ellos infinitamente mejor que permanecer en una Cataluña sin solución. Lo tienen todo en contra: se sienten españoles en un lugar donde odian a los españoles y la separación de Cataluña implicaría la pérdida automática de sus pensiones. Ese es el infierno que están viviendo. Así es como ellos lo están viviendo. Así es como ellos me lo han contado.

Rajoy debería tener en cuenta que esos abuelos fueron hace poco el colchón amortiguador, con sus menguas pensiones, en los recientes tiempos de la crisis apoyando a unos hijos que se habían quedado en paro y en la calle. Son quienes compartieron casa y pensión con hijos y nietos para ayudar a pasar el bache. Ahora, siguen siendo los olvidados… Han sido una generación que se hizo cargo de sus abuelos, de sus hijos y donde ahora los nietos también dependen de ellos. Una generación a la que nadie ayudó y se tuvo que sacar las castañas del fuego.

Ahora, el Estado sigue sin proteger a los más débiles y a quienes más tendría que cuidar: a sus mayores y a sus pequeños. Los mayores continúan siendo testigos de lo poco que ha cambiado todo para que nada cambie y las escuelas, cuya  función es la desinformación histórica y el adoctrinamiento del odio visceral a España continúan con su labor. El mal se esparce como una mancha negra de aceite en lo que antes fue una balsa de agua cristalina. Como ocurre en el Macbeth de Shakespeare la corrupción ha llegado hasta tal punto que los hombres buenos ya no reconocen a los hombres buenos. Y al igual que en la genial obra, los hombres buenos tienen miedo de manifestarse como hombres buenos. Después de una vida de lucha y trabajo, morir dejando a los nietos en una Cataluña fascista no deja de vivirse como un hondo y triste fracaso. Espero que esos nietos sepan encontrar la libertad y enmendar nuestros errores.