Miguel Camuñas.- Aún recuerdo la publicidad de un método para aprender inglés con sólo mil palabras. No sé si seguirá vigente pero leí sobre él que era un fraude. En realidad mil palabras en inglés las conoce cualquiera (sobre todo los jóvenes) otra cosa es construir frases y tener una mínima soltura al pronunciarlas.

Aunque damos por hecho la necesidad del idioma de Shakespeare a nivel científico o universitario no hay que olvidar que los idiomas están vivos y que el francés o el latín se quedaron atrás después de haber estado en ese nivel.

El inglés no se impuso de un día para otro, el colonialismo y la relevancia de Inglaterra o Estados Unidos en las dos guerras mundiales no hubiese dado para tanto sin la ayuda de Hollywood y sobre todo Internet. Esto, realmente ha sido la plataforma de lanzamiento de este idioma.

En un estudio de 2015 resultó nuestro país en el puesto 23 de 60 de los países que mejor hablamos inglés. Un contrasentido cuando nuestro idioma, junto con el chino, podría ser auténtico rival del inglés.

Me contaba un amigo mexicano, octogenario, que los americanos que llegaban por la frontera en plan turista, eran muy duros para aprender español y los mexicanos se esforzaron (y lo consiguieron) en hablar inglés, en poco tiempo.

Todas estas reflexiones estarían muy bien hace veinte o treinta años, ahora hay que pensar en el bilingüismo. Los expertos señalan que la educación bilingüe consigue una mayor competencia lingüística de los alumnos, también que activa redes del cerebro, que abre la mirada y un canal de comunicación muy importante. Proporciona beneficios profesionales, mejorará su posibilidad de encontrar un buen empleo; cognitivos, se ha demostrado que tienen mayor habilidad comunicativa y flexibilidad mental; y culturales, gozan de una visión del mundo más amplia. Hace años que comenzó este trabajo pedagógico desde abajo (al menos aquí en España) guarderías, campamentos y asignaturas en dos idiomas. Pienso que este método es el bueno.