(JUAN CARLOS HIDALGO / EFE) El fiscal general del Estado, José Manuel Maza, durante su intervención en la inauguración del II Congreso Internacional sobre Compliance. Imagen: 20minutos.es

 

A escasos nueve días del deceso del Fiscal General del Estado Español, José Manuel Maza Martín, sucedido en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, el ámbito de la fiscalía nacional y la sociedad política española vuelven a ser impactados por otro fallecimiento de un alto funcionario judicial. En esta oportunidad, se trata del fenecimiento de José María Romero de Tejada, fiscal jefe de Cataluña.

Ambos fiscales eran partidarios de la perspectiva derechista-conservadora y en no pocas ocasiones demostraron ser impugnadores del procedimiento delictivo de la dirigencia del secesionismo catalán. No fueron los grandes defensores del bien común español, claro está, pero sí fueron opositores del movimiento catalanista, el cual cuenta entre sus cabezas responsables a dirigentes vinculados al Internacionalismo del Dinero, entre cuyas facciones se visibiliza el liderazgo de George Soros.

En una serie de artículos, aseguramos que en este tiempo no se iba a dar la independencia de Cataluña y que la maniobra formaba parte de la estrategia de tensión y debilitamiento de España, toda instrumentada por élites crematísticas del globalismo. De igual modo, también expusimos que el conflicto, más allá de las particularidades de los actores localistas, representaba la Hoja de Ruta mundialista para insertar al país en la agenda 2030.

De modo que, en todo momento, fuimos refractarios de la posibilidad de la independencia de la región respecto de España.

Transcurridos ya los picos máximos de presión y distracción del escenario que acaparó la atención mundial durante semanas enteras, correspondía a la Fiscalía Nacional y a la Fiscalía de Cataluña la labor proactiva de profundizar las acusaciones sustanciosas contra los promotores de la ilegitimidad y la ilegalidad del secesionismo. En suma, ponerlos en la cárcel tal y como corresponde debidamente y como lo exigen la mayoría de los españoles, catalanes incluidos.

Esta aplicación adecuada y correcta del marco legal nacional, no era – ni es- bien vista por renombrados representantes del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, asociaciones políticas profesionales que son parte del problema y no la solución misma. La partitocracia imperante está acostumbrada a los secretismos sensibles y estratégicos, a los pactos espurios y predativos y a los enjuagues inmisericordes y antinacionales.

De si hubo o no un agente externo induciendo directamente las muertes de Maza y de Romero de Tejada, no lo podemos afirmar con rotundidad. Tampoco estamos en condiciones de asegurar que sus decesos sean atribuibles única y excluyentemente a las razones médicas, versionadas y distribuidas oficialmente.Aquí, no se trata de reflejar forzados argumentos conspiracionistas y conspiranoicos, pero mucho menos en darle cien por ciento de veracidad y credibilidad, de manera acrítica, a todo discurso prefabricado en centrales extranjeras y en terminales partitocráticas.

Es cierto que a cualquier edad, el ser humano está expuesto a la muerte por causales naturales o por descomposición crítica de su salud, independientemente de una participación humana exógena y los respectivos óbitos de los juristas no tendrían por qué ser la excepción. Sin embargo, conforme a indicios objetivos, tanto Maza como Romero de Tejada, eran renuentes en dejar indemnes a los perpetradores segregacionistas y, por consiguiente, no eran adaptables a la siguiente fase del guión, observado simétricamente por La Moncloa, La Zarzuela y la cúpula separatista. Guión que se cimienta tanto en la ingeniería sobre la mentalidad de la población, como en una progresiva reforma constitucional y la modificación de las estructuras productivas-económicas que implementarán perspectivas, pautas e infraestructuras funcionales al Poder Global para convertir a España en componente integrable del sistema mundialista, es decir, en una factoría formal y material.

En su periplo judicial, Maza se disponía a avanzar contra Puigdemont y diecinueve de sus socios por graves acusaciones de rebelión, sedición y malversación, cargos que se sustentan en una amplia base probatoria. Pedía para ellos cárcel efectiva. En la aplicación de la arquitectura legal de Maza, los Mossos d’Esquadra tampoco se quedaban exentos de responsabilidad y culpabilidad, ya que miembros de su alto mando tenían – y tienen- injerencia en la rebelión separatista. De igual opinión que el extinto Fiscal General, Romero de Tejada contaba con suficiente material incriminatorio contra Josep Lluís Trapero, ex mayor de los Mossos. Trapero, por función y rol, mantiene notorias conexiones con servicios de inteligencia de países extranjeros.

Fue Romero de Tejada quien firmó en 2014 la querella contra Artur Mas por desobediencia al concretar la consulta del 9N. Por ese mismo proceso judicial, el ex presidente de la Generalidad fue condenado a inicios de este año.

Esos detalles y otras razones que ya fueron esgrimidas por otros articulistas, dan cierta legitimidad a las dudas contrarias, aunque sean leves, de la retórica oficialmente estandarizada. Pero en todo caso, permite sorprenderse por la ¡buena suerte que tienen el liderazgo y el activismo separatistas!

Son verdades que los pirómanos no se incendian mutuamente y que elementos de las élites domésticas hegemónicas en Cataluña y en España toda son partes integrantes del Sistema del Poder Mundial. Ya que realmente existen los poderes fácticos mundiales con evidente afán de dominación global, España, otrora eje internacional, está entrampada en sus redes y quien, con sinceridad, llegue a negar ello, con fuerza cuasi bestial hace un acto de desconocimiento o profesión de estulticia empedernida.

De modo que, indudablemente, las respectivas partidas físicas de este mundo de los insignes fiscales, han beneficiado, principalmente, a las cabezas separatistas y, secundariamente, a los unionistas cómplices del proceder delictivo de aquellos.