Mientras que el gobierno catalán, liderado por un presidente no electo, Carles Puigdemont (señalado a dedo por el presidente anterior), hizo todo lo posible para afirmar el triunfo del voto del “Sí” en un referéndum sobre la independencia, la verdad es que nunca hubo un voto del “Sí” en Cataluña. De hecho, no se realizó ningún plebiscito el 1 de octubre a raíz de una prohibición judicial de los tribunales españoles. Nunca hubo censos ni plebiscito, excepto el fraude y la corrupción masiva en el escrutinio de las papeletas y la vergonzosa manipulación del voto. Un espejismo dramatizado y apropiado para una audiencia fanática como lo son los secesionistas. Sin un registro de la población real con derecho a voto, un enjambre de entusiastas podía votar tantas veces como quisieran en diferentes lugares. Algunos organizadores llegaron incluso a colocar urnas ya repletas de papeletas con el Sí en algunos colegios ilegales.
El vergonzoso paquete de mentiras difundido por la propaganda del secesionismo y orquestado por el gobierno catalán es abrumador. Y desafortunadamente, ha llegado fuera de las fronteras de Cataluña. Sus marionetas de la prensa dominan un medio subvencionado y carente de libertad. En este ámbito, no es de extrañar que la desinformación sea la regla dominante. La verdad es que ningún estado-nación en sus cabales permitiría nunca la división de la nación. España es una unidad por los usos, prácticas y costumbres además de acontecimientos históricos que dan forma a la nación. La nacionalidad no tiene nada que ver con la voluntad de los ciudadanos.
























