Si descontamos los sinvergüenzas y ridículos sin límite, la mayoría de
los catalanes somos gente seria, pese a que la muestra que a diario sale en los
medios lo ponga en duda. Tenemos ilusiones, pero no somos ilusos; nada tenemos
que ver con la pandilla que vive del cuento contando otro.

Tras sufrir durante cinco años las hostilidades del
supremacismo nacionalista, sabemos que el problema no se extingue pese al éxito
clamoroso de las derrotas acumuladas en las últimas fechas: se han proclamado
cobardes ocultando incluso el voto decisivo; se han cepillado a los Jordis;
a la Forca y al Mas; al Puigdemont y al vidente; al
Rull y al Turull.

El mundo ignora la proclamación de la República catalana, ningún
estado reconoce a Cataluña. La prensa internacional empieza a desmontar el
relato victimista del supremacismo. Los dos diarios de mayor tirada en Cataluña
dan la espalda al parto republicano. El Círculo de Empresarios saluda el
155. En la calle, una nueva manifestación multitudinaria convocada por Sociedad Civil Catalana
responde al desafío y celebra el regreso de las urnas legítimas y democráticas.
La contestación al proceso es evidente.

Sin embargo, el desafío sigue. Significadas figuras del totalitarismo
independentista como Puigdemont, Junqueras o Rull, la ANC,
Omnium y la Asociación de municipios para la independencia (AMI),
rechazan la aplicación del 155 y están dispuestas a bloquear la administración
mediante la desobediencia civil. Intentarán mantenerse en sus despachos y
realizar actos públicos en el territorio que controlan para transmitir una
cierta normalidad y lograr, en definitiva, que se visualice la existencia de
dos legalidades y administraciones paralelas. ¿Qué respuesta dará el Estado
si un alcalde recibe a Puigdemont como presidente de la ‘Republica Catalana
en un acto público? Si la respuesta de las autoridades no es inmediata y
contundente, las consecuencias pueden ser impredecibles.

Durante los próximos días, continuará el nuevo relato parido por el
pseudo parlamento catalán. Un parto soso, feo, sucio, que ha cagado una
república burla y oscura, propia de su imaginario supremacista. Sin embargo, a
pesar de todo, estoy convencido de la irreversible progresión del movimiento
ciudadano que hemos vivido en Barcelona, en defensa de la libertad, de
la democracia, de la Constitución, de Cataluña y de España.

Solo la progresión del movimiento constitucionalista garantizará la
regresión del proceso separatista. El próximo jueves 21 de diciembre, los
ciudadanos tenemos la oportunidad de dictar sentencia. Es nuestra
responsabilidad aprovecharla. 

José Simón Gracia


Fotografía: La Vanguardia