Los paradigmas de
la medicina son cambiantes. Lo que hoy damos por “ciencia cierta” son axiomas
superados en unos años. Los que llevamos 30 años en la Sanidad hemos
presenciado algunos de éstos cambios (y los que nos quedan por ver).Por ello
aquellos que consideran los conceptos de la “ciencia médica”  actual día como “dogmas de fe”,demuestran un
profundo desconocimiento de la Historia. Afortunadamente los descubrimientos
debidos a la investigación, hacen que la ciencia avance.
            Imaginemos que los Socorristas de
una playa o piscina cualquiera ,tras recuperar a un “ahogado” del agua,le
introduzcan un tubo por el trasero (más bien el ano) y le insuflen el humo de
un cigarro habano a través de él. Nos parecería ridículo,incluso descabellado.
            Pues en el Siglo XVIII era un método
avalado por las máximas autoridades científicas de la época, y demostrada estadísticamente (como muchos métodos de la actualidad).
            Tomando
como base el “axioma científico” (de entonces) de la irritabilidad como causa
física del movimiento vital y considerando que los intestinos la conservaban
más que otras partes del cuerpo, los médicos del Siglo XVIII recurrieron entre
los primeros auxilios recomendados en favor de los ahogados a un procedimiento
muy antiguo; aunque algo olvidado: introducir en los intestinos de los muertos
aparentes una fumigación de humo de tabaco, como estimulante. Era un remedio
que practicaban los nativos americanos : llenaban una vejiga de cerdo de humo
de tabaco y apretándola con las manos, la vaciaban en el intestino del ahogado
mediante una cánula. En Europa eran menos “higiénicos”:se hacía directamente
desde la boca del fumador a través de un tubo.
            Como el sistema era un poco rudimentario para esos tiempos
“modernos”  el físico Musschenbroek  y el médico danes Thomas Bartholin diseñaron
una máquina fumigadora (posteriormente perfeccionada por otros técnicos
añadiendo válvulas de seguridad, para evitar el retroceso del humo desde el
culo del ahogado a la boca del soplador ).Posteriormente Gaubin ideó sustituir
la boca por un fuelle evitando la “insuflación directa”.Todo un avance.
            En 1767 se
fundó en Amsterdam la Sociedad de Holanda,dedicada a prestar socorros a los
ahogados. Según las Memorias anuales en el espacio de 18 meses recobraron la
vida 55 ahogados, tenidos por difuntos (recompensaban al salvador con una
medalla de oro con su nombre grabado. En vista de éstos éxitos el ejemplo
holandés cundió por toda Europa.
            En Francia,
ya en 1740, se había publicado un Aviso para socorrer a los que parecen
ahogados
mediante el método mencionado y se habían difundido por todo el
país ejemplares de aquella instrucción. Por ello numerosos especialistas se
afanaron en perfeccionar la maquina,hasta que Jean-Joseph de Gardanne, Doctor
Regente de la Facultad de Medicina de París la hizo más ligera sustituyendo el
tubo rígido por uno flexible y diseñó un “kit” para auxilio de los ahogados.
            El referido
“kit” contenía todos los utensilios necesarios para los primeros auxilios. La
caja portátil de Gardanne (de cobre rojo cubierto de estaño) tenía una forma
parecida a una pipa (era conocida como “la pipa de Gardanne)  coronada de un capitel, al extremo del cual
portaba una pequeña chimenea para dar aire al tabaco. A un lado del capitel,
salía una válvula a la que se adaptaba un tubo de latón y una cánula. Un fuelle
estaba fijado en el mango de la pipa. Al lado de la máquina propiamente dicha,
se incluían cuatro paquetes de media onza de tabaco cada uno, una mecha de
yesca, un frasco de álcali volátil, otro de alcohol alcanforado, torcidas de
papel, una franela, un gorro de lana y una túnica para envolver al ahogado.
Además incluía un folleto con las instrucciones necesarias para el manejo del
conjunto.
            Al igual
que ocurre hoy con los desfibriladores semiautomáticos (tan ubicuos en los
últimos alos) se decretó que en todas las comisarias de Paris debería existir
uno y los sargentos y cabos deberían de estar adiestrados en  funcionamiento, debiendo para ello hacer un
cursillo y pasar un examen ante el mísmo Gardanne.
            En 1773 el
Doctor  Ph. N. Pia empezó un estudio
estadístico de los ahogados salvados gracias al sistema y lo publicó bajo el
título Detalle de los éxitos del Establecimiento de la ciudad de París en
favor de las personas ahogadas.
Confirmaba que durante el año 1773, en el
espacio de cinco meses, de 20 ahogados socorridos, 16 habían recobrado vida. En
1774, 35 ahogados recogidos (con apariencia de muerte), habían sido restituidos
a la vida. En 1776, de 36 personas de 6 a 75 años sacadas del Sena, 33 habían
podido ser reanimadas.
            Ante tan
irrefutable y demostrado científicamente éxito a máquina fumigatoria portátil
de Gardanne se difundió rápidamente por Francia. Pronto más de cien cajas se
distribuyeron por diversos puntos del territorio. Lyon dispuso unas 22 en las
orillas del Ródano y del Gaona. El cirujano del Rey, M. Faissolle, dirigió
personalmente la organización. El 14 de marzo de 1776, ordenó se enviasen a las
provincias 2258 cajas de socorros a los ahogados en lugar de las 774 que se
pensaban distribuir antes.
            Detallemos
ahora las “MANIOBRAS DE REANIMACIÓN”,que debían seguir el siguiente protocolo:
            Se
instalaba al ahogado desnudo en una cama caliente, envuelto en la túnica de
franela. Se le limpiaba la boca de las suciedad que pudiera tener, para después
soplarle aire con una cánula de metal. Otro socorrista hacía fricciones con
paños mojados en alcohol alcanforado. Se excitaba el interior de la nariz con
una pluma de ave, o con vapores de álcali. Mientras tanto, se ponía en
funcionamiento la pipa y se insuflaba el humo del tabaco por el ano. Las
maniobras debían practicarse durante varias horas sin interrupción, hasta que
se percibiesen las primeras señales de vida: pequeños hipos, encogimiento de
las ventanas de la nariz y vómitos. Los vómitos iban seguidos de un temblor
general y precedían a la respiración.
            En España
las noticias del invento se difunden pronto. La Gaceta de Madrid de 18 de
junio de
1776 relata un accidente ocurrido en París el 3 de junio. Cayó al
Sena un albañil. Dos pescadores le sacaron del agua al cabo de media hora, con
aspecto de muerto. Se le condujo al cuerpo de guardia donde le prodigaron los
socorros establecidos y en especial la máquina de Gardanne. En tres horas, se
logró su perfecto restablecimiento.
            Debido a
ello el mismo año en Sevilla se informa a los ciudadanos de la máquina
fumigatoria con un folleto titulado Instrucción sobre los medios de socorrer
a los que se ahogaren o hallaren en el río de Sevilla.
Otras ciudades
costeras o fluviales hacen lo mismo.
            En Barcelona,
el Doctor D. Josef Ignacio Samponts, socio fundador y Secretario de la Academia
médico práctica de la ciudad escribe en 1777 una detallada Disertación
médico práctica sobre las muertes aparentes y sus remedios
en la que describe
la famosa caja portátil. Ésta obra se vendí conjuntamente con el aparato en
Madrid y Barcelona.
            A principio
de 1778 llegó a establecerse un premio de 240 reales a la primera persona que
en ese año restituyera la vida a algún recién nacido, sofocado, ahogado o en
estado de alguna de las muertes aparentes. El premiado fue el cirujano del
Hospital de Cartagena, D. Antonio Ortiz, quien logró hacer volver en sí a dos
hombres. Uno caído al mar , recogido sin pulsos ni calor vital, con manchas
amoratadas en las espaldas, pecho y rostro, y con los ojos hundidos. Recobró la
vida muy lentamente, al cabo de poco más de una hora. El otro; sofocado a1
limpiar un pozo de inmundicias; se quedó dos horas como cadáver antes de
aplicarle los remedios preconizados por Gardanne y se salvó.
            Durante los
años siguientes los testimosnios y los casos felizamente resueltos son
numerosísimos en toda España (Lebrija, Marbella, Sigüenza, Trujillo;Cadiz,
etc).

Aún en 1795, D. Felix Pérez Arroyo, cirujano de los Reales
Hospitales de Madrid, seguía construyendo máquinas fumigadoras. Hoy en día ya
no….afortunadamente.
Autor: Ezequiel Rebello